Significado y significante son dos cosas diferentes. El significado es el concepto o la idea que queremos expresar; el significante es aquello que utilizamos para representarla: una palabra, una expresión, una imagen. En política, sin embargo, existen significantes cuyo significado no está definitivamente fijado. Distintos proyectos pueden intentar apropiárselos y llenarlos con aquello que representan. Ernesto Laclau dedicó buena parte de su obra a estudiar este fenómeno.
“Progreso” puede ser uno de esos significantes. Puede significar crecimiento económico, inversiones y estabilidad, pero también que el salario alcance, conseguir una casa, encontrar un empleo formal o llegar a un hospital y encontrar medicamentos. Todos pueden hablar de progreso y colocar dentro del mismo significante cosas diferentes.
Tengo la impresión de que “progreso” puede convertirse en uno de los significantes centrales de la elección presidencial de 2028. El Gobierno de Santiago Peña tiene razones para intentar apropiárselo y convertirlo en el relato de continuidad del Partido Colorado. Es, probablemente, una de sus mejores cartas.
Tiene elementos para hacerlo. Hambre Cero puso comida en las escuelas; Che Róga Porã instaló la posibilidad de la vivienda propia para miles de familias; la estabilidad macroeconómica sigue siendo presentada como una fortaleza; llegan inversiones y desde el exterior se habla de Paraguay con un entusiasmo poco frecuente años atrás. Hay material para construir un relato sencillo: Paraguay está progresando.
Pero ahí comienza la batalla por el significado. Hambre Cero también arrastra denuncias de corrupción, concentración de proveedores y sospechas sobre licitaciones. Los buenos números macroeconómicos conviven con personas que llegan al supermercado y sienten que cada vez compran menos. El crecimiento convive con una alta informalidad laboral, el aumento del costo de vida y los casos de nepotismo conocidos como nepobabies.
Y está la salud pública. Poco importa hablarle a alguien de inversiones y buenos indicadores si entra a un hospital y no encuentra medicamentos, encuentra servicios desabastecidos o recibe una atención que considera indigna. Ahí aparece una pregunta difícil para cualquier relato oficial: ¿qué significa que un país progrese si una parte de su población no siente ese progreso en aspectos básicos de su vida?
Sería un error de la oposición creer que estas contradicciones bastan para derrotar el relato. “Progreso” no es útil solamente porque el Gobierno necesite una consigna, sino porque conecta con una transformación de la sociedad paraguaya. Paraguay tiene una clase media más fortalecida y un nivel aspiracional mayor que décadas atrás. Hay una población que quiere una casa mejor, viajar, estudiar, consumir mejor, ganar más, acceder a mejores servicios y sentir que sus hijos vivirán mejor.
Por eso la oposición puede equivocarse si concentra su estrategia en demostrar que el Gobierno es corrupto. Puede denunciar licitaciones, nepotismo y contradicciones sin haber construido una alternativa. Destruir el relato del adversario no equivale a tener uno propio. Si el oficialismo consigue asociarse al progreso, la oposición tendrá que responder qué progreso ofrece y por qué los paraguayos deberían creerle.
Miguel Prieto tiene algo que otros sectores opositores no poseen con la misma claridad: una experiencia para mostrar. Ciudad del Este se convirtió para parte de sus habitantes en la imagen de una ciudad más limpia, ordenada y mejor administrada. Ese respaldo ayudó a transformar una experiencia municipal en una plataforma política nacional. Prieto, sin embargo, carga con numerosas denuncias y causas, cuya cantidad también alimenta entre sus seguidores la interpretación de que existe una intención del poder de sacarlo del camino.
Si Prieto termina siendo candidato presidencial, tiene poco tiempo. Aproximadamente un año para reforzar, hermosear y compactar la experiencia de Ciudad del Este hasta convertirla en un relato nacional. “Miren lo que hicimos en Ciudad del Este” puede ser el comienzo, pero no alcanza. Tendrá que explicar qué de aquello puede trasladarse al Paraguay y convertirlo en consignas claras capaces de competir con el relato oficialista.
La situación del liberalismo parece más complicada. Si Ricardo Estigarribia encabezara una alternativa, podría intentar construir su relato desde sus experiencias en Villa Elisa y Central. Pero tendría que convivir con cuestionamientos propios, familiares vinculados al Estado y un Partido Liberal cuyas administraciones también acumulan denuncias de corrupción. A esto se suma un antecedente difícil de ignorar: en las tres últimas elecciones nacionales un liberal encabezó la chapa presidencial y las tres terminaron en derrota. El PLRA necesita algo más que denunciar al Partido Colorado: necesita mostrar qué hizo y qué entiende por progreso.
Además, una estrategia basada únicamente en la corrupción tropieza con una vieja fórmula de nuestra cultura política. El sacerdote Saro Vera la resumió en el “to'u, pero tojapo”: que coma, pero que haga. Describe una tolerancia hacia la corrupción mientras quien gobierna haga obras, produzca mejoras visibles o devuelva algo a la comunidad. El abuso suele necesitar alcanzar dimensiones mucho mayores para romper ese pacto y producir voto castigo.
Ese es el riesgo para una oposición convertida solamente en denunciante. Puede demostrar corrupción y no producir esperanza. Puede exhibir las miserias del adversario sin conseguir que alguien imagine una vida mejor bajo otro gobierno. Una sociedad con mayores aspiraciones no quiere saber solamente quién robó; también quiere saber quién puede hacerla avanzar.
Entre los muchos significantes que estarán flotando alrededor de 2028, “progreso” puede terminar ocupando un lugar privilegiado. El Partido Colorado ya tiene elementos para intentar apropiárselo. Prieto tiene una experiencia que todavía debe convertir en relato nacional. El liberalismo tendrá que encontrar qué experiencia concreta puede poner sobre la mesa.
La batalla será por quién consiga llenar el significante progreso con un significado capaz de conectar con las aspiraciones de la sociedad. Cuando un paraguayo piense en progresar, ¿cuál será el relato que logre seducir y entusiasmar realmente a la mayoría? Una parte importante de la elección de 2028 puede jugarse en la respuesta.