Rocío Roga, un refugio para niños con cáncer que necesita ayuda

Rocío Roga alberga a niños que llegan del interior para tratarse contra el cáncer. Se sostiene con donaciones y no recibe aportes económicos regulares del Estado.

Featured blog image
Ecosistema 09/10/26

Para una familia que llega desde el interior del país a Asunción para que un hijo continúe un tratamiento contra el cáncer, la enfermedad no es la única preocupación. También hay que resolver dónde dormir, qué comer y cómo trasladarse hasta el hospital. Desde hace años, Rocío Roga busca cubrir precisamente esas necesidades.

El albergue nació para asistir a niños con leucemia y actualmente también recibe a pacientes con otros tipos de cáncer. Principalmente llegan familias de escasos recursos provenientes de distintos puntos del país, cuyos hijos deben atenderse en el Hospital de Clínicas o el Instituto de Previsión Social (IPS). Actualmente, Rocío Roga acompaña a aproximadamente 20 niños de entre 1 y 18 años.

Una casa durante el tratamiento

Rocío Roga funciona como un lugar de tránsito para aquellos niños que necesitan permanecer en Asunción durante sus tratamientos y cuyas familias no cuentan con un lugar donde quedarse en la capital.

La casa proporciona alojamiento y alimentación y, cuando existen posibilidades, también ayuda a conseguir antibióticos y otros medicamentos recetados durante el tratamiento. A esto se suman los traslados hasta los centros asistenciales, otra necesidad que puede convertirse en un problema para las familias.

Detrás del albergue se encuentra la Fundación Rocío Cabriza. Sus orígenes se remontan a la entonces denominada Asociación de Ayuda a Niños con Leucemia, surgida en Radio Ysapy para colaborar con pacientes del Hospital de Clínicas, cuando este todavía funcionaba en Sajonia.

Tras el fallecimiento de Rocío Cabriza, la organización adoptó su nombre. La Fundación cuenta con personería jurídica desde 2003 y posteriormente pudo disponer del local propio donde funciona Rocío Roga gracias a la Asociación de Amigos de Rocío, de Málaga, España.

Una casa sostenida por donaciones

Mantener ese espacio depende, según explican desde la Fundación, principalmente de la solidaridad de personas y organizaciones. No cuentan con un aportante mensual permanente y las colaboraciones llegan de distintas maneras: alimentos, productos de limpieza, ropa, juguetes y otros insumos necesarios para el funcionamiento cotidiano de una casa.

Desde Rocío Roga aseguran que no reciben aportes económicos regulares del Estado, municipalidades ni gobernaciones. Tampoco cuentan con exoneraciones para servicios públicos como ANDE o ESSAP, cuyos costos deben ser cubiertos por la propia organización.

Sí recibieron algunas ayudas públicas puntuales en especie, como víveres o mercaderías incautadas entregadas en determinadas ocasiones, pero la Fundación diferencia estas colaboraciones extraordinarias de un financiamiento estatal permanente.

Esta aclaración se volvió importante para sus responsables porque perciben que existe entre algunas personas la idea de que organizaciones como Rocío Roga reciben recursos públicos regularmente. Para una institución que depende de aportes particulares, esa percepción puede convertirse en un obstáculo al momento de conseguir colaboración.

Las necesidades continúan

La disminución de las donaciones comenzó a sentirse con mayor fuerza a partir de las dificultades económicas de los últimos años y desde la pandemia, según explican desde el albergue.

Hasta ahora consiguieron mantener cubiertas las necesidades esenciales gracias a personas que continúan acercando alimentos, insumos, medicamentos o colaborando con los servicios básicos. Sin embargo, hay gastos que resultan cada vez más difíciles de afrontar.

Uno de ellos es el mantenimiento del propio edificio. La casa es antigua y necesita varias reparaciones, particularmente por problemas de humedad que se agravan durante los periodos de lluvia.

A esto se suman las necesidades habituales de alimentación y limpieza, el pago de servicios, medicamentos como antibióticos y analgésicos y los traslados de los pacientes. En ocasiones deben recurrir a plataformas de transporte cuando un niño se siente mal durante la madrugada o cuando sus condiciones físicas dificultan utilizar otros medios.

Pero quizás el resultado más importante de ese esfuerzo cotidiano solo puede observarse con los años.

Por Rocío Roga pasaron niños que necesitaban permanecer cerca de sus centros de tratamiento. Algunos de ellos, cuenta la Fundación, hoy son adultos, formaron sus propias familias y llevan una vida normal después de completar sus tratamientos.

Ese recorrido ayuda a dimensionar lo que representa una casa como esta. No reemplaza al hospital ni al tratamiento médico. Resuelve algo mucho más elemental para que ese tratamiento pueda continuar: que un niño que llegó desde lejos tenga dónde quedarse, alimentarse y descansar mientras enfrenta la enfermedad.

Hoy Rocío Roga sigue dependiendo de esa red de solidaridad. Desde la Fundación reconocen que, si las donaciones llegaran a desaparecer completamente, el albergue no podría continuar funcionando.