Ybycuí: 5.000 hectáreas donde todavía resiste el Bosque Atlántico

A poco más de 140 kilómetros de Asunción, el Parque Nacional Ybycuí conserva bosques, saltos, fauna silvestre y un patrimonio histórico que sobrevivieron a décadas de presión humana.

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Ecosistema 02/10/26

Para buena parte de los paraguayos, Ybycuí es sinónimo de saltos, senderos y jornadas de verano bajo el bosque. Pero detrás del paisaje que recibe a sus visitantes existe un territorio mucho menos visible: uno donde todavía se desplazan pumas y pequeños felinos, sobreviven especies amenazadas y las cámaras trampa siguen revelando una biodiversidad que incluso los inventarios científicos continúan completando.

Creado en 1973, el Parque Nacional Ybycuí protege legalmente unas 5.000 hectáreas en el departamento de Paraguarí, a 142 kilómetros de Asunción. Su territorio conserva una muestra de la Selva Central y del Bosque Atlántico del Alto Paraná (BAAPA), uno de los ecosistemas más transformados de la región. Entre sus objetos de conservación están el bosque alto semideciduo, los saltos, el sistema de lagunas Cenizal y especies particulares de flora y fauna.

Un bosque todavía vivo

La riqueza de Ybycuí va bastante más allá de lo que puede observarse desde sus senderos turísticos. Los registros oficiales del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) contabilizan 42 especies de mamíferos, 129 de aves, 18 de reptiles, 26 de anfibios y 68 de insectos. Entre los mamíferos aparecen el puma, kure'i, guasu pytã, armadillos, coatí, aguara'i y kaguare.

Investigaciones posteriores muestran, además, que todavía queda mucho por conocer. Un monitoreo realizado entre 2021 y 2022 mediante cámaras trampa acumuló 2.443 trampas-noche y registró 20 especies de mamíferos: 11 contempladas en el Plan de Manejo y otras nueve que no figuraban en aquel inventario. Entre ellas fueron documentados el puma, jaguarundi, tirika y margay, además de otras especies que se desplazan silenciosamente por el interior del parque.

El relevamiento de aves encontró 87 especies durante las campañas de campo, 42 de las cuales no figuraban en el inventario utilizado anteriormente por el Plan de Manejo. Los registros acumulados en plataformas de observación eran todavía mayores. También fueron identificadas 17 especies de reptiles, cuatro ausentes del inventario anterior. Entre ellas, Apostolepis dimidiata, conocida como mboi tata, constituyó un nuevo registro para el departamento de Paraguarí.

La imagen cambia entonces: Ybycuí no es solamente un lugar al que se llega para encontrar agua y bosque. Es un refugio donde la investigación continúa descubriendo qué especies lograron permanecer.

El agua es precisamente otro de sus elementos centrales. Además de los conocidos saltos Guaraní, Mina y Escondido, el parque conserva nacientes, arroyos y el sistema de lagunas Cenizal, incluido oficialmente entre sus objetos prioritarios de conservación.

Además de los conocidos saltos Guaraní, Mina y Escondido, el parque conserva nacientes, arroyos y el sistema de lagunas Cenizal. Foto: Gentileza.

Naturaleza e historia

En medio de este territorio aparece otro patrimonio completamente diferente. Dentro de Ybycuí se encuentra La Rosada, antigua fundición de hierro construida durante el gobierno de Carlos Antonio López y vinculada al desarrollo industrial paraguayo del siglo XIX.

Allí se fabricaron cañones, proyectiles, armas de filo y utensilios agrícolas. La instalación funcionó durante 18 años hasta ser destruida durante la Guerra contra la Triple Alianza. Las estructuras que pueden observarse actualmente fueron reconstruidas sobre los planos y cimientos originales y el sitio cuenta además con un museo dedicado a aquella etapa de la producción de hierro en Paraguay.

Esa convivencia convierte a Ybycuí en un territorio particular: en las mismas 5.000 hectáreas sobreviven fragmentos del Bosque Atlántico y los rastros de uno de los primeros grandes proyectos industriales del Paraguay independiente.

Durante el primer semestre de 2026, el museo y la antigua fundición La Rosada permanecieron cerrados mientras se realizaban trabajos de restauración y puesta en valor. Las obras culminaron en junio y el sector fue nuevamente habilitado para los visitantes.

Conservar lo que queda

La popularidad de Ybycuí plantea también el desafío de compatibilizar turismo y conservación. El parque recibe visitantes atraídos principalmente por sus cursos de agua y senderos, mientras detrás de esas zonas recreativas existe un ecosistema cuya protección depende también de reducir las presiones sobre el bosque.

Su planificación ambiental atraviesa ahora una nueva etapa. El Plan de Manejo 2015-2025 completó su periodo previsto y MADES informó en 2025 que Ybycuí se encontraba en proceso de revisión. Para la actualización se realizaron diagnósticos participativos con comunidades, destinados a incorporar problemas locales, conocimientos y experiencias de conservación al nuevo instrumento de gestión.

La popularidad de Ybycuí plantea también el desafío de compatibilizar turismo y conservación. Foto: Gentileza.

A esto se suma una iniciativa más reciente. El 17 de septiembre de 2026, el MADES presentó el proyecto “Ñamoporãve Ñande Parques Nacionales”, destinado a fortalecer la gestión, monitoreo, vigilancia y sostenibilidad financiera de las áreas protegidas públicas del país.

Ybycuí fue seleccionado entre las cinco primeras áreas que serán fortalecidas, junto con Paso Bravo, San Luis, el Monumento Natural Macizo Acahay y el Monumento Científico Moisés Bertoni. El programa cuenta con apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y colaboración de Conservation International e ICCF Group.

Más de medio siglo después de su creación, Ybycuí enfrenta así una paradoja: es uno de los parques más reconocibles del Paraguay, pero buena parte de lo que protege permanece fuera de la mirada de quienes lo visitan.

Detrás de los saltos y los senderos existe un bosque que todavía guarda pumas, pequeños felinos, aves y especies que siguen apareciendo en los inventarios científicos. Cinco mil hectáreas pueden parecer poco frente a lo que alguna vez cubrió el Bosque Atlántico, pero en Ybycuí representan un fragmento que todavía resiste.