A 94 años de Boquerón: una de las primeras grandes batallas del Chaco

El 9 de septiembre de 1932 comenzó la ofensiva paraguaya para recuperar Boquerón. Durante tres semanas, el fortín fue escenario de uno de los primeros grandes combates de la Guerra del Chaco.

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Historia 08/9/26

En la madrugada del 9 de septiembre de 1932, las tropas paraguayas comenzaron el ataque sobre Boquerón, una posición ocupada semanas antes por Bolivia y preparada para resistir mediante trincheras y posiciones defensivas. Los primeros avances encontraron una fuerte resistencia y produjeron elevadas pérdidas entre los atacantes. Lo que comenzó como una operación para recuperar el fortín terminó convirtiéndose en una prolongada lucha de desgaste que se extendería hasta el 29 de septiembre. El calor, la sed y las dificultades para trasladar hombres, municiones y alimentos terminaron condicionando las operaciones tanto como las armas.

Boquerón no inició la Guerra del Chaco. Para entonces, Paraguay y Bolivia ya habían atravesado una escalada militar cuyo punto de ruptura se produjo en junio de 1932, cuando fuerzas bolivianas ocuparon el fortín paraguayo Carlos Antonio López, junto a la laguna Pitiantuta. Tropas paraguayas lo recuperaron y Bolivia respondió ocupando Boquerón, Corrales y Toledo. En septiembre, bajo la conducción del entonces teniente coronel José Félix Estigarribia, Paraguay lanzó su primera operación ofensiva de gran escala. El historiador Alfredo Seiferheld definió Boquerón como la primera gran acción ofensiva paraguaya, mientras David H. Zook Jr. tituló este episodio como “la primera ofensiva paraguaya”.

El cerco paraguayo

La defensa de Boquerón estaba comandada por el teniente coronel boliviano Manuel Marzana. Sus hombres resistían desde posiciones fortificadas mientras las tropas paraguayas intentaban aproximarse al reducto. Los ataques frontales de los primeros días mostraron rápidamente el costo de avanzar sobre trincheras protegidas por ametralladoras y obligaron al mando paraguayo a modificar la forma de enfrentar la posición. Tras el fracaso de los primeros asaltos, comenzó a tomar forma una operación destinada a rodear el fortín y cortar sus comunicaciones.

La conducción general paraguaya estaba en manos de Estigarribia, quien terminaría convirtiéndose en la figura central de las operaciones militares durante la guerra. Zook señala que, al escoger su eje de avance, el comandante tomó particularmente en cuenta dos factores capaces de decidir una operación en el Chaco: las comunicaciones y la disponibilidad de agua. Boquerón formaba parte del eje hacia Arce y se encontraba además dentro de un sistema de posiciones cuya conquista debía permitir continuar la ofensiva hacia el dispositivo boliviano.

La conducción general paraguaya estaba en manos de Estigarribia, quien terminaría convirtiéndose en la figura central de las operaciones militares durante la guerra. Foto: Gentileza.

Aquella preocupación no era secundaria. En una región extensa, calurosa y con escasas fuentes de agua potable, miles de soldados necesitaban recibir diariamente agua, alimentos, municiones y atención sanitaria a través de caminos precarios. El propio ejército paraguayo sufrió problemas de abastecimiento durante Boquerón. El combate demostró que ocupar una posición no bastaba: era necesario disponer de recursos suficientes para conservarla y continuar avanzando.

Dentro del fortín, entretanto, el cerco fue deteriorando progresivamente las condiciones de los defensores. Las fuerzas bolivianas intentaron auxiliar la posición y en distintos momentos lograron aproximarse a ella, pero no consiguieron romper de manera permanente el dispositivo paraguayo. La lucha pasó así de los violentos ataques iniciales a una batalla de aislamiento, desgaste y aproximación progresiva sobre las defensas.

La caída de Boquerón

La resistencia boliviana quedó asociada principalmente a la figura de Manuel Marzana y sus hombres. Una investigación publicada en 2024 en la revista Ciencia y Cultura de la Universidad Católica Boliviana reconstruye aquellos días a partir de diarios de campaña, memorias militares y obras de autores como Roberto Querejazu Calvo y David Zook, además de las propias memorias de Marzana. La historiografía boliviana conserva Boquerón como uno de los grandes episodios de resistencia de su ejército durante la guerra.

Mientras tanto, las fuerzas paraguayas fueron estrechando las posiciones alrededor del fortín. Para los últimos días de septiembre, el aislamiento era cada vez mayor y las tropas atacantes habían conseguido aproximarse a las líneas defensivas. La documentación paraguaya registra que el 29 de septiembre, alrededor de las primeras horas de la mañana, aparecieron banderas blancas y Marzana solicitó parlamentar.

Las versiones paraguayas y bolivianas introducen matices sobre aquellas últimas horas. La historiografía boliviana ha sostenido que Marzana pretendía negociar ante una situación militar ya insostenible, mientras las fuentes paraguayas describen el desenlace como una rendición. El hecho central, sin embargo, no presenta controversia: el 29 de septiembre de 1932 el Ejército paraguayo recuperó Boquerón y los defensores que permanecían allí fueron hechos prisioneros.

Las cantidades de soldados movilizados y las cifras de muertos y heridos varían considerablemente entre las fuentes. Algunos cálculos incluyen solamente la guarnición dentro de Boquerón; otros incorporan refuerzos, unidades paraguayas desplegadas alrededor del fortín o combates producidos en las rutas de aproximación. Por esa razón, presentar una única cifra como definitiva puede producir una falsa precisión sobre una batalla cuya dimensión fue cambiando a lo largo de aquellas semanas.

La documentación paraguaya registra que el 29 de septiembre, alrededor de las primeras horas de la mañana, aparecieron banderas blancas y Marzana solicitó parlamentar. Foto: Gentileza.

Boquerón dejó además una experiencia decisiva para el Ejército paraguayo. Los costosos ataques iniciales exhibieron los límites del asalto frontal contra posiciones preparadas y la necesidad de combinar maniobra, cerco, comunicaciones y abastecimiento. Seiferheld describió precisamente aquella primera gran acción ofensiva como una operación “plagada de dificultades” y también de enseñanzas, mientras Zook colocó el episodio como el comienzo de las grandes ofensivas paraguayas que posteriormente tendrían expresiones decisivas en Campo Vía, El Carmen y Yrendagüé.

La victoria produjo además un fuerte impacto psicológico. La Secretaría Nacional de Cultura, siguiendo la interpretación histórica de Zook y de las memorias de Estigarribia, señala que Boquerón dio a Paraguay una importante ventaja moral en los primeros meses del conflicto. Para Bolivia, la resistencia encabezada por Marzana quedó igualmente incorporada a su memoria militar como símbolo de sacrificio.

El 9 de septiembre de 2026, a 94 años del comienzo de aquellos combates, Boquerón permanece como uno de los episodios fundamentales de la Guerra del Chaco. Más allá de la dimensión simbólica que adquirió posteriormente, la batalla mostró desde los primeros meses del conflicto cuál sería una de las características determinantes de aquella guerra: en el Chaco, combatir significaba también vencer las distancias, asegurar los caminos, encontrar agua y mantener abastecido a un ejército en uno de los escenarios más hostiles de Sudamérica.