Paraguay apenas comenzaba a levantarse de la devastación provocada por la Guerra contra la Triple Alianza cuando, el 31 de agosto de 1870, Facundo Machaín fue elegido presidente provisional de la República. Su paso por el máximo cargo sería extraordinariamente breve. Documentos oficiales paraguayos establecen que permaneció en él hasta el 1 de septiembre de 1870 y que fue derrocado “a las pocas horas” de prestar juramento, sin siquiera alcanzar a constituir su gabinete.
La escena ocurrió en uno de los periodos más inestables de la historia paraguaya. Asunción permanecía bajo ocupación de las fuerzas vencedoras y el país intentaba reconstruir sus instituciones después de una guerra que había destruido buena parte de su estructura política, económica y demográfica. Desde 1869 funcionaba un Triunvirato integrado por Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya, mientras paralelamente avanzaba el proceso para dotar al Paraguay de una nueva Constitución.
Una presidencia de una noche
Machaín había regresado al Paraguay en 1869 después de estudiar Derecho en Chile y rápidamente se incorporó a la reorganización política de la posguerra. Su formación jurídica le permitió integrar la comisión encargada de redactar el proyecto de la Constitución de 1870, que sería sancionada meses después de su fugaz paso por la Presidencia.
Para agosto de 1870, el Triunvirato se encontraba prácticamente desintegrado tras las renuncias de Díaz de Bedoya y Loizaga. La Convención Nacional Constituyente decidió entonces elegir un presidente provisional y, el 31 de agosto, la mayoría se inclinó por Facundo Machaín.
Pero aquella decisión sobrevivió solamente durante la noche.
Facundo Machaín, ex presidente provisional del Paraguay en 1870.
El Paraguay de esos días no tenía todavía plena autonomía política. Las tropas extranjeras permanecían en el territorio y los intereses de las potencias vencedoras atravesaban las disputas internas. Una reconstrucción institucional de la Municipalidad de Asunción atribuye la caída de Machaín a la influencia de las fuerzas aliadas de ocupación, mientras documentación legislativa paraguaya señala que los intereses políticos existentes en un país todavía ocupado precipitaron el desconocimiento de su elección.
Durante la madrugada se produjo el movimiento que terminó con su presidencia. Cuando la Convención volvió a reunirse en la mañana del 1 de septiembre, dejó sin efecto su nombramiento e incluso anuló su diploma de convencional. Cirilo Antonio Rivarola recuperó el poder y pasó a ejercer la Presidencia provisional.
Machaín había sido presidente durante menos de un día.
La documentación oficial es particularmente contundente sobre lo ocurrido: no llegó a constituir gabinete ni a ejercer efectivamente el gobierno. Su presidencia quedó reducida prácticamente al acto de elección y juramento antes de ser desplazado pocas horas después.
El episodio también aparece caracterizado como un golpe de Estado en documentación legislativa contemporánea que reconstruye su trayectoria. Más que una simple sucesión presidencial, aquella noche expuso desde el comienzo la enorme fragilidad institucional con la que nacía el Paraguay de la posguerra.
De presidente a diplomático
La caída no terminó con la vida pública de Machaín. Continuó participando de la política, ejerció la abogacía, se dedicó a la docencia y posteriormente desempeñó funciones judiciales y diplomáticas. Su contribución histórica más trascendente llegaría precisamente en este último campo.
Después de la guerra, Paraguay todavía debía resolver una cuestión decisiva: hasta dónde llegaría su territorio frente a las pretensiones de los países vencedores.
Una de las disputas más importantes era con Argentina y afectaba una extensa porción del Chaco. Machaín fue enviado a Buenos Aires como representante paraguayo y negoció directamente con el canciller argentino Bernardo de Irigoyen.
El resultado fue el Tratado de Límites del 3 de febrero de 1876, conocido como Tratado Machaín-Irigoyen. Argentina reconoció para Paraguay el territorio comprendido entre Bahía Negra y el río Verde, mientras que la zona ubicada entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluida Villa Occidental, quedó sometida a arbitraje internacional. Paraguay, por su parte, reconoció territorios al sur del Pilcomayo y en Misiones como argentinos.
La importancia de aquella negociación estaba precisamente en evitar que toda la extensión disputada del Chaco quedara automáticamente en manos argentinas. La propia Comisión Nacional Demarcadora de Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores destaca a Machaín como una figura central para conseguir que la cuestión de Villa Occidental fuera sometida a arbitraje.
El árbitro elegido fue el presidente de Estados Unidos, Rutherford B. Hayes.
Machaín no llegó a conocer el resultado.
El 12 de noviembre de 1878, Hayes falló a favor del Paraguay y le adjudicó el territorio situado entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluida Villa Occidental. La decisión aseguró definitivamente para el país aquella parte del Chaco disputada con Argentina.
Hayes falló a favor del Paraguay y le adjudicó el territorio situado entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluida Villa Occidental.
Un final también violento
Para entonces, Facundo Machaín ya había muerto.
Su vida terminó en 1877, nuevamente en medio de la violencia política que caracterizó los primeros años de la posguerra. Fue encarcelado tras los acontecimientos que siguieron al asesinato del presidente Juan Bautista Gill y murió dentro de la cárcel pública.
Su trayectoria quedó así atravesada por dos episodios abruptos: primero perdió la Presidencia durante la misma noche en que había llegado al poder y, pocos años después, su vida terminó violentamente en prisión.
Sin embargo, su legado terminó trascendiendo aquella fugaz presidencia. El hombre que no alcanzó siquiera a formar un gabinete participó de la elaboración de la Constitución de 1870 y años después encabezó una negociación diplomática decisiva para las fronteras del Paraguay.
Facundo Machaín pasó por la Presidencia durante apenas unas horas. Pero una de las decisiones diplomáticas en las que tuvo participación terminaría ayudando a definir, hasta hoy, una parte del mapa paraguayo.