La señal no está en las tarjetas de quienes tienen mayor capacidad de compra. Está en el extremo más vulnerable del sistema: las líneas de crédito inferiores a G. 3 millones. En apenas un año, el saldo adeudado en ese segmento pasó de G. 1,07 billones a G. 1,62 billones, un crecimiento interanual del 50,6%, según el último informe del Banco Central del Paraguay.
El dato debe leerse correctamente. No significa que la cantidad de tarjetas haya aumentado 50,6%, sino que creció en esa proporción el dinero que sus usuarios deben a bancos y financieras. La clasificación utilizada por el BCP toma la línea originalmente otorgada a cada tarjeta, aunque el límite haya sido modificado posteriormente. Es deuda acumulada, no simplemente una mayor circulación de plásticos.

La deuda crece donde hay menos margen
En mayo de 2026, toda la cartera de tarjetas de crédito alcanzó G. 7,02 billones, frente a G. 5,39 billones registrados un año antes. El incremento general fue del 30,4%, pero en las tarjetas menores a G. 3 millones llegó al 50,6%. Ese segmento creció, además, más de tres veces por encima del crédito total del sistema financiero, cuya expansión interanual fue del 15,28%.
La deuda de estas tarjetas aumentó en aproximadamente G. 544.700 millones durante el último año. Esto significa que las líneas más pequeñas explicaron cerca de un tercio de todo el crecimiento registrado en la cartera de tarjetas. El endeudamiento no solo se expande: lo hace con mayor velocidad entre quienes cuentan con límites más reducidos y, presumiblemente, con menor capacidad para absorber imprevistos.
Los números no permiten saber directamente en qué gastaron los usuarios. El BCP no detalla en este informe cuánto correspondió a supermercados, farmacias, combustibles, servicios básicos o compras extraordinarias. Por eso, no puede afirmarse como un hecho que las tarjetas estén siendo utilizadas para completar el salario. Sin embargo, la magnitud del crecimiento obliga a formular la pregunta: ¿el plástico sigue financiando consumo o ya está cubriendo necesidades que el ingreso mensual no alcanza a pagar?

El problema aparece al momento de pagar
La mayor preocupación no está únicamente en el crecimiento de la deuda, sino en la dificultad para cumplir con ella. La morosidad de las tarjetas con líneas inferiores a G. 3 millones llegó al 7,4%. En las tarjetas superiores a G. 10 millones fue del 3,7%. Dicho de otra manera: la mora del segmento más pequeño duplica exactamente la registrada entre quienes poseen mayores límites.
La diferencia también resulta significativa frente al sistema financiero en general. Mientras la morosidad total de bancos y financieras se situó en 2,73% al cierre de mayo, la de las tarjetas pequeñas alcanzó el 7,4%. No se trata todavía de una crisis bancaria, pero sí de una señal de fragilidad concentrada en una parte determinada de la población.
A esto se suma el encarecimiento del financiamiento. La tasa promedio ponderada de las tarjetas de crédito subió de 16,44% anual en mayo de 2025 a 19,04% en mayo de este año. Aunque presentó una leve reducción frente a abril, el costo se incrementó 2,6 puntos porcentuales en doce meses. La deuda crece más rápido, la mora aumenta y financiar el saldo resulta más caro.

Un sistema sólido con una alarma encendida
El Banco Central sostiene que el sistema financiero paraguayo conserva niveles adecuados de liquidez, solvencia y rentabilidad. Su Informe de Estabilidad Financiera señala que las pruebas de tensión muestran capacidad para resistir escenarios adversos y que las previsiones cubren íntegramente el riesgo de crédito. El problema, por ahora, no amenaza la estabilidad general de los bancos.
Pero una cosa es la salud de las entidades y otra la situación de las familias. Un banco puede continuar siendo solvente mientras miles de usuarios refinancian saldos, pagan únicamente el mínimo o destinan una proporción creciente de sus ingresos a cancelar deudas anteriores. La estabilidad del sistema no elimina la posibilidad de un sobreendeudamiento silencioso en los hogares.
El Fondo Monetario Internacional advirtió recientemente que el rápido crecimiento del crédito de consumo en Paraguay requiere vigilancia continua. También recomendó desarrollar herramientas que relacionen las cuotas de las deudas con los ingresos de cada prestatario, para evitar niveles insostenibles de endeudamiento familiar.

La tarjeta como termómetro social
Durante años, la expansión del crédito fue presentada como una señal de inclusión financiera y dinamismo económico. Lo sigue siendo cuando permite comprar bienes, invertir o enfrentar gastos extraordinarios sin comprometer la estabilidad familiar. Pero cambia de naturaleza cuando la deuda se renueva cada mes, se utiliza otra tarjeta para cubrir la anterior o el pago mínimo se convierte en una rutina permanente.
Los datos todavía no describen una crisis. Describen algo que puede resultar más fácil de ignorar: una alarma temprana. La deuda que más crece es la de quienes tienen los límites más bajos; ese mismo grupo presenta la mayor morosidad y enfrenta tasas más elevadas que hace un año.
El sistema financiero parece sólido. La pregunta es si quienes lo sostienen con sus pagos mensuales pueden decir lo mismo.