Paraguay sobre ruedas: el boom del 0 km y el país que se mueve en moto

Paraguay lideró el crecimiento regional de ventas de vehículos con un salto de 177,2% en mayo. La cifra habla de dinamismo económico, pero también abre una pregunta más profunda: ¿qué muestra la forma en que los paraguayos resuelven su movilidad cuando el automóvil, la motocicleta y el transporte público parecen pertenecer a realidades diferentes?

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Economía 08/7/26

Por Alejandro Recalde

Paraguay acaba de presentar una cifra capaz de entusiasmar a cualquier economista. En mayo de 2026 se vendieron 8.219 vehículos, frente a los 2.965 comercializados en el mismo mes del año anterior. El crecimiento fue del 177,2%, el más alto entre los países relevados por el informe regional de ALADDA. Entre enero y mayo, el mercado acumuló 24.910 unidades, un 59,6% más que en el mismo periodo de 2025.

El dato es real y merece ser valorado. Hay inversión, consumo, renovación del parque automotor y un mercado que demuestra una capacidad de expansión extraordinaria. Pero una cifra económica no siempre alcanza para explicar un país. A veces, para comprender lo que ocurre, es necesario abandonar la planilla, salir de la concesionaria y mirar cómo se mueve la gente en las calles.

Autos, motos y buses comparten una movilidad cada vez más saturada. Foto: gentileza.

Un mercado que acelera

El crecimiento no se limita a una marca ni a un pequeño segmento. Toyota vendió 951 unidades solamente en mayo, frente a 343 un año antes. Chevrolet pasó de 356 a 816, Hyundai de 357 a 826 y Volkswagen de 144 a 531. También avanzaron con fuerza marcas chinas como Geely, que pasó de 91 a 364 unidades, y Chery, que saltó de apenas 25 a 361 vehículos en un año.

El mercado paraguayo está cambiando. Hay más oferta, nuevos competidores, opciones de financiación y un consumidor dispuesto a comprar. En cinco meses, el país ya comercializó una cantidad equivalente a más del 63% de todo lo vendido durante 2025, cuando el mercado cerró con 39.420 unidades. Mantener ese ritmo durante todo el año no está garantizado, pero la aceleración registrada hasta mayo es imposible de ignorar.

La pregunta, entonces, no es si el crecimiento existe. Existe. La pregunta es qué parte del Paraguay representa y qué ocurre con quienes viven fuera de ese circuito de consumo. El error sería presentar el aumento de las ventas de vehículos nuevos como una fotografía completa del bienestar nacional. Es una fotografía importante, pero muestra solamente una parte de la escena.

El mercado automotor paraguayo aceleró con fuerza en 2026.

Un país, dos formas de moverse

Existe otro indicador que también ayuda a entender el país. Según los datos oficiales del Registro de Automotores disponibles al 31 de marzo de 2024, Paraguay ya tenía 1.110.250 motocicletas matriculadas. Representaban el 36,92% de los más de tres millones de rodados registrados hasta entonces. Es decir, más de uno de cada tres vehículos matriculados era una motocicleta.

Sería incorrecto afirmar que cada motociclista es pobre o que cada propietario de un automóvil pertenece a los sectores de mayores ingresos. Los datos no permiten semejante simplificación. Pero también sería ingenuo ignorar la función económica y social de la moto: para amplios sectores de trabajadores, pequeños comerciantes y familias, representa una alternativa de movilidad individual mucho más accesible que un automóvil.

La motocicleta permite llegar al trabajo, llevar a un hijo a la escuela, hacer repartos, trasladarse entre ciudades cercanas y reducir la dependencia de horarios inciertos. No es únicamente un producto de consumo. En un país con serios desafíos de movilidad colectiva, se ha convertido también en una herramienta de trabajo y en una solución privada frente a un problema que debería encontrar respuestas públicas.

Paraguay supera los 3,3 millones de automotores matriculados, con casi 1,3 millones de motos.

Cuando el transporte obliga a resolver solo

El propio Estado reconoce las deficiencias estructurales del transporte metropolitano. Un documento técnico del MOPC señala que el sistema del Área Metropolitana de Asunción atiende alrededor de 14,3 millones de usos mensuales, pero identifica una flota con una edad media de 11,1 años, costos operativos elevados, confort limitado y una dependencia casi total de unidades de combustión interna.

Esa descripción oficial explica una parte del fenómeno. Cuando el transporte colectivo no ofrece suficiente previsibilidad, cobertura o calidad, las familias buscan resolver el problema individualmente. Algunos pueden hacerlo comprando un automóvil. Otros acceden a una motocicleta. Quienes no pueden financiar ninguna de las dos opciones siguen dependiendo de un sistema cuya reforma fue impulsada precisamente para mejorar seguridad, accesibilidad, tiempos de viaje y previsibilidad.

Así aparece una característica estructural de Paraguay: la movilidad depende demasiado de la capacidad económica individual. La diferencia no está solamente en llegar más cómodo o más rápido. La forma de desplazarse puede determinar a qué hora una persona debe levantarse, cuánto tiempo pierde diariamente, qué oportunidades laborales puede aceptar y cuánto de su ingreso debe destinar para trasladarse.

La desigualdad no desapareció

Paraguay puede mostrar crecimiento económico y un mercado automotor en expansión, pero eso no significa que todos estén avanzando al mismo ritmo. Hay sectores que tienen capacidad para comprar vehículos nuevos, invertir o acceder al crédito, mientras otros siguen resolviendo necesidades básicas con recursos mucho más limitados. La diferencia se ve en la vivienda, en el acceso a servicios, en el tipo de trabajo y también en la forma de moverse todos los días.

La desigualdad no siempre aparece en una estadística complicada. También se ve en la calle. Está en quien puede elegir qué vehículo comprar, en quien financia una motocicleta porque necesita llegar al trabajo y en quien depende diariamente de un transporte público deficiente. Son realidades distintas que conviven en un mismo país y que muestran que el crecimiento económico, aunque importante, no llega de la misma manera a todos.

No se trata de cuestionar a quien compra un vehículo ni de convertir una buena noticia económica en una denuncia artificial. El desafío es interpretar qué revela el dato. Una economía saludable necesita consumo, inversión y empresas que crezcan. Pero un país desarrollado también necesita que la posibilidad de estudiar, trabajar o acceder a servicios no dependa de que cada ciudadano pueda comprarse su propio medio de transporte.

Un país que se mueve a distintas velocidades

El récord de ventas de vehículos merece una lectura positiva, pero no complaciente. Paraguay tiene un mercado automotor en expansión y consumidores que están accediendo a más marcas y modelos. Al mismo tiempo, tiene más de un millón de motocicletas registradas y un sistema de transporte público que el propio Estado reconoce como necesitado de una transformación estructural.

Las tres imágenes forman parte del mismo país: el automóvil nuevo que sale de la concesionaria, la motocicleta que transporta a una familia y el pasajero que espera el colectivo. Ninguna debe ser utilizada aisladamente para explicar el Paraguay. Juntas, en cambio, muestran una economía que crece, una sociedad que todavía conserva brechas importantes y un Estado que debe construir mejores respuestas colectivas.

El dato más importante, entonces, quizá no sea solamente que Paraguay vendió 177,2% más vehículos en mayo. La verdadera historia está en cómo una sociedad resuelve una necesidad tan básica como moverse. Algunos eligen qué automóvil comprar. Otros calculan las cuotas de una moto. Y muchos todavía organizan sus vidas alrededor del próximo colectivo.