Alfaro vs. Pochettino, ahora Montella

La Albirroja cayó ante el Estados Unidos de Pochettino y ahora enfrentará a la Turquía de Montella. En un fútbol cada vez más táctico, el Mundial ya no se juega solo en la cancha: también se juega desde los bancos y las ideas de sus entrenadores.

Alfredo Guachiré, periodista y analista

Me tocó ver el partido de Paraguay contra Estados Unidos en Rockero, un bar de Asunción donde mucha gente suele encontrarse para ver fútbol, escuchar buena música y compartir largas conversaciones. En el entretiempo conversaba en la barra con Nairobi, una habitué del lugar que además juega y entiende bastante del deporte. Mientras yo insistía en que estaba viendo el choque entre dos escuelas futbolísticas, ella me respondió algo que seguramente pensó buena parte del país: “No hay mucho que analizar. Los jugadores están mal. Están bloqueados”.

Y tenía razones para decirlo.

Paraguay parecía llegar tarde a cada jugada. Los pases no encontraban destino. La presión no funcionaba y la selección nunca terminó de sentirse cómoda. La ansiedad, los nervios y el peso de volver a un Mundial después de dieciséis años parecían sentirse dentro de la cancha.

Conversando con Nairobi y con otras personas que seguían el partido desde la barra, la sensación era parecida. Más que enojo, había decepción. Muchos sentían que la selección que los había ilusionado durante las Eliminatorias todavía no había aparecido en el Mundial.

Con la espuma del resultado ya más baja, quizás sea un buen momento para intentar entender qué pasó realmente en ese partido.

Porque Paraguay no solamente enfrentó a Estados Unidos.

También enfrentó la escuela futbolística de Mauricio Pochettino.

El Mundial de los técnicos

Durante años el fútbol explicó sus resultados a través de las estrellas. Hoy los grandes jugadores siguen siendo determinantes, pero el fútbol de élite se volvió mucho más colectivo, estudiado y táctico.

Los cuerpos técnicos analizan rivales durante semanas, estudian movimientos, fortalezas y debilidades. Por eso este Mundial también puede leerse como un torneo donde se enfrentan escuelas futbolísticas. No solamente juegan los futbolistas. También juegan las ideas de sus entrenadores.

Alfaro vs. Pochettino

Lo curioso es que ambos nacieron en Argentina, pero representan formas muy distintas de entender el juego.

La escuela de Alfaro está construida alrededor del orden, la disciplina, la concentración y la capacidad de competir. Sus equipos rara vez buscan deslumbrar. Buscan ser sólidos, minimizar errores y encontrar ventajas incluso cuando el rival parece superior. La pelota parada, el juego aéreo, la fortaleza defensiva y la intensidad en los duelos forman parte de ese libreto. Esa fue la receta que devolvió a Paraguay a un Mundial después de dieciséis años.

Pochettino representa otra corriente. Equipos intensos, presión alta, velocidad, circulación rápida y una búsqueda constante por recuperar la pelota lejos de su arco. Sus equipos intentan imponer ritmo, atacar espacios y obligar al rival a tomar decisiones bajo presión. Es una escuela mucho más vinculada a la dinámica del fútbol moderno.

Por eso tengo la impresión de que Estados Unidos no ganó solamente porque tenía mejores jugadores o porque jugaba de local. Ganó porque logró imponer las condiciones del partido y consiguió que Paraguay jugara lejos de aquello que mejor sabe hacer.

Ahora Montella

Los números ayudan a entender una parte de la historia. Estados Unidos llegó al Mundial con un plantel valuado en unos US$ 445 millones. Paraguay ronda los US$ 177 millones. Turquía aparece incluso más arriba, con unos US$ 547 millones. Dos futbolistas turcos, Arda Güler y Kenan Yildiz, valen juntos más que toda la selección paraguaya.

Pero los números ayudan a entender probabilidades. No juegan los partidos.

Y ahí es donde entra Turquía.

Los turcos llegan después de perder ante Australia. Y tal vez ese partido deje una enseñanza interesante para Paraguay. Australia no intentó discutirle la posesión ni el protagonismo. Cerró espacios, ganó duelos físicos, aprovechó la pelota parada y golpeó cuando encontró oportunidades. Varias de esas herramientas forman parte del ADN de los equipos de Alfaro.

Del otro lado estará Vincenzo Montella, un entrenador italiano con una propuesta distinta tanto a la de Pochettino como a la de Alfaro. Su selección apuesta más por la técnica, la circulación y el talento de una generación joven formada en la élite europea.

La prueba

Turquía representa una nueva prueba. No solamente por Arda Güler, Kenan Yildiz o los US$ 547 millones de valor de mercado. También porque detrás de ellos aparece otra manera de entender el fútbol.

Ahí está el desafío de la Albirroja.

Si Alfaro logró devolver a Paraguay a un Mundial utilizando una identidad clara basada en el orden, la fortaleza defensiva, el juego aéreo, la pelota parada y la capacidad de competir, ahora debe demostrar que esa misma escuela también puede funcionar frente a otras formas de entender el fútbol.

Porque los mundiales ya no enfrentan solamente selecciones.

También enfrentan ideas. Y la verdadera prueba para Paraguay es comprobar hasta dónde puede llegar la escuela que lo devolvió a la máxima cita del fútbol.