139 años de Bipartidismo

Mientras gran parte de América Latina vio desaparecer a sus partidos históricos, Paraguay mantuvo en el centro de su sistema político a dos organizaciones fundadas en 1887. La pregunta ya no es cómo sobrevivieron, sino por qué nadie logró reemplazarlas.

Por Alejandro Recalde

Hay un dato que me resulta difícil de explicar. Colorado y Liberal fueron fundados en 1887. Cuando nacieron, Paraguay todavía intentaba reconstruirse después de la Guerra de la Triple Alianza. No existían los automóviles en el país, faltaban décadas para la radio y la televisión y todavía no había comenzado el siglo XX. Sin embargo, 139 años después, ambos partidos siguen ocupando el centro de la política paraguaya.

Mientras revisaba cifras de afiliación, resultados electorales y antecedentes históricos, una idea empezó a repetirse una y otra vez. Quizás la pregunta más interesante no sea cómo lograron sobrevivir. La pregunta es por qué nadie logró reemplazarlos. Cuanto más observaba el fenómeno, más evidente se volvía que la verdadera rareza paraguaya no está en la edad de los partidos, sino en la ausencia de alternativas capaces de desplazarlos.

La magnitud del fenómeno aparece rápidamente en los números. Para las internas municipales de 2026, la ANR registró 2.806.860 afiliaciones habilitadas y el PLRA 1.531.856. En conjunto suman más de 4,3 millones de afiliaciones, una cifra superior a la población total del Uruguay. Cinco generaciones de paraguayos nacieron y murieron desde 1887. Los partidos permanecieron como actores centrales de la vida política nacional.

Lo primero que suele llamar la atención es la antigüedad de estas organizaciones. A mí también me ocurrió. Pero cuanto más revisaba la historia, menos importante me parecía ese dato y más relevante me resultaba su capacidad para resistir. La historia paraguaya atravesó guerras civiles, revoluciones, golpes de Estado, una dictadura de 35 años, varias constituciones y profundas transformaciones económicas. Ninguno de esos procesos eliminó a los dos partidos nacidos a finales del siglo XIX.

Cada vez que intentaba encontrar una explicación, terminaba descartando la misma respuesta: la tradición. Porque la tradición sola no mantiene viva una organización política durante 139 años. Muchos países tuvieron partidos históricos que parecían indestructibles y terminaron desapareciendo o perdiendo protagonismo. Algo diferente ocurrió en Paraguay y vale la pena intentar entender qué fue.

Argentina reorganizó gran parte de su sistema político alrededor del peronismo. Bolivia modificó profundamente su escenario partidario con la aparición del Movimiento al Socialismo. Perú vio cómo organizaciones históricas perdían peso con el paso del tiempo. Brasil también reconstruyó varias veces su mapa político. Paraguay, en cambio, siguió un camino considerablemente distinto.

Y ahí aparece una pregunta todavía más interesante. ¿Por qué Paraguay nunca produjo un movimiento político capaz de desplazar a sus partidos históricos? ¿Por qué ninguna fuerza logró ocupar el espacio que colorados y liberales construyeron durante más de un siglo? Al principio pensé que la respuesta podía estar en las ideas. Después de todo, ambos partidos sobrevivieron más de un siglo. Pero cuanto más revisaba la historia, menos convencido quedaba.

La diferencia parece estar en otro lugar. Mientras muchas fuerzas políticas construyeron liderazgos, colorados y liberales construyeron redes. Construyeron presencia territorial, estructuras locales, dirigentes de base y mecanismos de movilización. También construyeron vínculos familiares y comunitarios que terminaron atravesando generaciones enteras y consolidando una identidad política persistente.

Hoy la ANR gobierna 15 de las 17 gobernaciones del país y controla la mayoría de los municipios. El PLRA mantiene presencia territorial en decenas de ciudades y continúa siendo la principal fuerza opositora con estructura nacional. Esa capacidad organizativa no se construye durante una campaña electoral. Es el resultado de décadas de presencia continua en el territorio y de una maquinaria política difícil de replicar.

Quizás por eso las fuerzas emergentes encuentran tantas dificultades para consolidarse. Varias lograron buenos resultados electorales. Algunas generaron entusiasmo y otras parecieron capaces de alterar el equilibrio político existente. Sin embargo, muchas dependieron de liderazgos personales o de coyunturas específicas. Cuando esas condiciones desaparecieron, también se debilitó gran parte de su fuerza.

Los partidos tradicionales parecen funcionar de una manera diferente. Sobreviven a las derrotas electorales, sobreviven a las crisis internas e incluso sobreviven a sus propios dirigentes. Esa capacidad de adaptación probablemente sea una de las claves de su permanencia. Lo que se mantiene no es necesariamente una ideología uniforme, sino una estructura que logra reinventarse una y otra vez.

Por eso, después de revisar estos 139 años de historia, empecé a pensar que el verdadero tema no son los partidos Colorado y Liberal. El verdadero tema es Paraguay. Tal vez la singularidad paraguaya no sea tener dos partidos muy antiguos. Tal vez la verdadera singularidad sea haber construido uno de los sistemas partidarios más estables de América Latina.

Y si eso es cierto, entonces la pregunta que queda abierta ya no es cómo sobrevivieron los partidos fundados por nuestros tatarabuelos. La pregunta es qué tiene el sistema político paraguayo que, hasta ahora, impidió que alguien ocupara el lugar que ellos construyeron hace más de un siglo.