En las últimas semanas volvieron los recuerdos de Sudáfrica 2010. Aprovechando ese regreso, decidí revisar algunos indicadores para entender qué Paraguay volverá al Mundial dieciséis años después.
Los datos muestran cambios difíciles de ignorar. En 2010, el 34,67% de los paraguayos vivía en situación de pobreza, una cifra elevada pero que ya mostraba mejoras respecto a décadas anteriores. Hoy ese indicador se ubica en 16%, según los últimos datos del INE. La pobreza extrema pasó de 11,77% a 2,4%.
El presupuesto del Ministerio de Salud pasó de G. 2,058 billones (USD 456 millones) a G. 10,195 billones (USD 1.294 millones). En otras palabras, hoy Salud dispone de casi cinco veces más recursos que en 2010. Educación pasó de G. 3,7 billones (USD 820 millones) a G. 10,38 billones (USD 1.318 millones), casi tres veces más que hace dieciséis años.
Los salarios también crecieron. El salario docente por turno pasó de G. 1.234.800 a G. 4.275.154, más de tres veces el nivel de 2010. El salario mínimo pasó de G. 1.507.484 a G. 2.899.048, prácticamente el doble.
Tampoco son los únicos cambios. Hoy más de un millón de niños reciben alimentación escolar, existen programas sociales mucho más amplios que hace dieciséis años, aumentó la inversión en infraestructura, crecieron las pensiones para adultos mayores y miles de familias accedieron a viviendas que antes parecían inalcanzables.
Pero más interesante que los números es preguntarse qué significan.
Muchas veces analizamos el desarrollo como si fuera una lista de tareas. Reducir la pobreza. Aumentar salarios. Construir hospitales. Mejorar escuelas. Sin embargo, el progreso no elimina las necesidades humanas. Las transforma.
El Paraguay de 2010 todavía estaba concentrado en resolver necesidades básicas para una parte importante de su población. El Paraguay de 2026 sigue enfrentando enormes desafíos, pero cada vez discute más cuestiones vinculadas a la calidad de vida y al bienestar.
Un ejemplo ayuda a entenderlo. Hace dieciséis años gran parte de las movilizaciones docentes estaban centradas en reclamos salariales. Hoy siguen existiendo demandas económicas, pero también aparecen discusiones sobre jubilación, condiciones laborales, salud mental, capacitación y calidad educativa. El reclamo cambió porque también cambió la realidad.
Algo similar ocurre con la educación. Tener más recursos es importante, pero el debate ya no puede limitarse a cuánto dinero se invierte. La pregunta cada vez más relevante es qué tipo de educación necesita Paraguay para las próximas décadas y si el sistema está formando ciudadanos preparados para un mundo que cambia rápidamente.
En salud ocurre algo parecido. Los hospitales cuentan con más recursos y medicamentos que hace dieciséis años. Sin embargo, también debemos preguntarnos si el modelo de salud puede seguir centrado principalmente en la enfermedad y la medicación. Una sociedad que envejece y enfrenta enfermedades crónicas necesita discutir prevención, hábitos saludables, actividad física, salud mental y bienestar integral. Más remedios no siempre significan más salud.
Por eso a veces se produce una paradoja que desconcierta a políticos, analistas e incluso ciudadanos. Los indicadores mejoran, pero las demandas no desaparecen. Y no desaparecen porque una sociedad que progresa también eleva sus expectativas.
Quizás una de las lecciones más importantes del desarrollo sea esa. No existe un momento en que una sociedad declare cumplida su misión y deje de reclamar. A medida que resuelve problemas básicos comienza a perseguir objetivos más complejos.
Por eso el desafío no es solamente mirar cuánto avanzó Paraguay desde 2010. También es comprender en qué etapa de su desarrollo se encuentra hoy y qué respuestas necesitan las nuevas demandas que surgen.
Porque los problemas de una sociedad cambian. Y cuando cambian los problemas, también deben cambiar las respuestas.
El Paraguay que volverá al Mundial no solo tiene menos pobreza y más recursos que hace dieciséis años. También tiene una sociedad que espera más de sí misma, de sus instituciones y de su futuro. Y quizás entender esa transformación sea tan importante como cualquier resultado que ocurra dentro de una cancha.
Fuente: INE, MSPBS, MEF, CONASAM y elaboración propia.