Paraguay ya restringe desde 2020 el uso de celulares durante las horas de clase. Ahora, un nuevo proyecto sancionado por el Congreso busca ir más lejos: extender la limitación a recreos y descansos entre clases y alcanzar no solo a estudiantes, sino también a quienes participan del proceso educativo según sus funciones. El expediente pasó al Poder Ejecutivo tras quedar sancionado el 25 de septiembre.
El cambio abre una discusión que otros sistemas educativos también están atravesando. Existe evidencia de que sacar los teléfonos del aula puede disminuir las distracciones, pero los resultados sobre rendimiento académico, salud mental y bienestar son mucho menos concluyentes. El desafío, entonces, no termina en guardar el celular: también implica definir cuándo puede utilizarse como herramienta educativa y cómo medir si una restricción más amplia realmente funciona.
Qué cambia en Paraguay
La discusión no empieza de cero. La Ley 6463, vigente desde 2020, ya regula los dispositivos móviles en instituciones públicas, privadas y privadas subvencionadas de educación inicial, escolar básica y media. La norma restringe su utilización durante las horas de clase, establece mecanismos para mantenerlos guardados y contempla su utilización con fines pedagógicos y en determinados casos vinculados con discapacidad.
El nuevo proyecto —expediente D-2582825, presentado en enero de 2025 por el diputado José Rodríguez— amplía el alcance. La versión sancionada establece restricciones durante las clases, los recreos y los descansos entre clases.
Otro cambio relevante es a quién alcanza. La disposición no queda limitada a los estudiantes: incorpora a quienes acompañan el proceso educativo de acuerdo con sus funciones, incluyendo docentes, coordinadores y directivos. Este punto fue discutido durante el trámite legislativo, pero finalmente quedó dentro del texto sancionado.
La prohibición, sin embargo, no es absoluta. El proyecto contempla excepciones para situaciones de emergencia, peligro, necesidad o fuerza mayor, además de circunstancias relacionadas con salud, discapacidad y necesidades educativas especiales. También permite utilizar dispositivos con finalidades estrictamente pedagógicas o didácticas, bajo orientación profesional.
Esto genera uno de los principales desafíos de aplicación: la misma tecnología que se pretende retirar como fuente de distracción podrá seguir entrando al aula cuando tenga una finalidad educativa.

Qué hicieron otros países
Brasil adoptó en 2025 una regulación particularmente amplia. La Ley 15.100 restringe a los estudiantes el uso de dispositivos electrónicos portátiles durante clases, recreos e intervalos en toda la educación básica. Al mismo tiempo, autoriza su utilización con fines pedagógicos y contempla excepciones por accesibilidad, inclusión, salud, peligro, fuerza mayor y garantía de derechos fundamentales.
Una investigación difundida en 2026 como working paper del National Bureau of Economic Research (NBER) analizó la implementación de restricciones en escuelas de Río de Janeiro y encontró una mejora de 0,06 desviaciones estándar en resultados de pruebas. Es un resultado positivo, pero corresponde a una experiencia concreta y no permite concluir que toda prohibición produzca automáticamente el mismo efecto.
En Países Bajos, una evaluación encargada por el Ministerio de Educación recogió respuestas de casi 600 escuelas secundarias después de establecerse restricciones nacionales. Docentes y directivos reportaron principalmente mayor concentración y más interacción social entre estudiantes. El alcance del dato debe distinguirse: registra percepciones de las comunidades educativas y no demuestra por sí mismo un aumento causal de las calificaciones.
Algo similar ocurrió en Nueva Gales del Sur, Australia. Después de prohibirse los celulares en las escuelas públicas, una encuesta a casi 1.000 directores encontró que 87% percibió menos distracción, 86% una mejora en la socialización y 81% una mejora en el aprendizaje. Son resultados favorables, pero nuevamente se trata de percepciones reportadas por directores y no de una medición experimental del rendimiento académico.

¿Mejora el aprendizaje?
Cuando la pregunta pasa de la distracción a las notas y al bienestar, el panorama se vuelve menos uniforme.
Un estudio publicado en The Lancet Regional Health – Europe analizó a 1.227 adolescentes de 30 escuelas inglesas con diferentes políticas sobre celulares. Encontró que las restricciones reducían el tiempo de utilización del teléfono y las redes sociales durante la jornada escolar, pero no detectó diferencias significativas en bienestar mental, ansiedad, depresión, sueño, actividad física, rendimiento académico o conducta disruptiva. Tampoco encontró una reducción significativa del uso total del celular a lo largo de la semana.
Otro working paper publicado por el NBER en Estados Unidos estudió políticas basadas en bolsas que impiden utilizar el teléfono durante la jornada. Encontró una reducción sustancial del uso dentro de las escuelas, pero un efecto promedio cercano a cero sobre los resultados de pruebas estandarizadas. El estudio detectó pequeñas mejoras entre estudiantes mayores, especialmente en matemática, y pequeños efectos negativos en niveles intermedios.
La propia OCDE ha advertido que la evidencia disponible sobre restricciones, rendimiento y bienestar continúa siendo mixta. Reducir el acceso al dispositivo puede atacar una fuente de distracción, pero eso no significa automáticamente que aumenten las notas o mejore la salud mental.
Paraguay ofrece ahora un dato propio. PISA 2025 encontró que el 38% de los estudiantes paraguayos reportó que sus compañeros se distraían frecuentemente con dispositivos digitales durante las clases de ciencias, frente al 28% promedio de la OCDE. En escuelas paraguayas donde los celulares no estaban permitidos, los estudiantes fueron aproximadamente 25% menos propensos a reportar distracción digital.
El dato respalda la existencia del problema, pero tiene un límite importante: muestra una asociación, no demuestra que la prohibición sea la causa ni que produzca mejores resultados académicos.
La discusión que llegará ahora al Ejecutivo, por tanto, es más amplia que elegir entre celulares sí o celulares no. Paraguay ya restringía su utilización durante las clases y el nuevo proyecto pretende extender esa regla a otros momentos de la jornada y a más integrantes de la comunidad educativa.
La experiencia internacional muestra que reducir la distracción es un resultado posible y relativamente consistente, mientras que las mejoras en aprendizaje y bienestar todavía dependen del contexto y de cómo se implementa cada política. Si la nueva regulación entra en vigencia, el siguiente paso será tan importante como la prohibición: medir sus resultados y comprobar si los estudiantes, además de mirar menos el celular, efectivamente aprenden más y mejor.