¿Las pantallas son realmente malas para los niños? Un estudio de Finlandia desafía la idea

Una investigación que siguió a niños durante ocho años encontró una relación inesperada: quienes acumularon más tiempo frente a pantallas mostraron mejores resultados en memoria de trabajo y cognición durante la adolescencia.

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Cultura 03/9/26

Durante años, limitar el tiempo frente a celulares, computadoras, videojuegos y televisión se convirtió en una recomendación habitual para las familias. Pero una investigación realizada en Finlandia introduce un dato que obliga a mirar el tema con más cuidado. El estudio PANIC siguió durante ocho años a participantes que comenzaron la investigación cuando eran niños, entre los 6 y 9 años, y volvió a evaluarlos hasta llegar a la adolescencia. De los 512 que participaron inicialmente, 260 jóvenes de entre 15 y 17 años integraron el análisis final sobre pantallas y cognición. El resultado fue inesperado: quienes habían acumulado más tiempo frente a pantallas desde la infancia mostraron mejor memoria de trabajo y un mejor desempeño cognitivo general durante la adolescencia.

El estudio, publicado en 2026 en la revista científica Pediatric Exercise Science, fue desarrollado por investigadores de las universidades de Jyväskylä y Eastern Finland, junto con colaboradores de otras instituciones. Forma parte del proyecto PANIC —Physical Activity and Nutrition in Children—, una investigación longitudinal que permitió observar durante ocho años cómo evolucionaban la actividad física, el sedentarismo y el uso de pantallas de los participantes.

Ocho años de seguimiento

Los investigadores midieron la actividad física, el comportamiento sedentario y el tiempo de pantalla en tres momentos: al inicio del estudio, dos años después y al cumplirse ocho años. El tiempo frente a pantallas incluía actividades como mirar televisión o videos, utilizar computadoras, jugar videojuegos y usar teléfonos móviles. Parte de la actividad física y el sedentarismo también fueron registrados mediante dispositivos que combinaban mediciones de movimiento y frecuencia cardíaca.

Al finalizar el seguimiento, los adolescentes realizaron pruebas de CogState, una batería utilizada para evaluar diferentes funciones cognitivas. Se analizaron velocidad de reacción, atención, memoria de trabajo, precisión y aprendizaje. Los investigadores también consideraron variables como edad, sexo, nivel educativo de los padres y capacidad de razonamiento registrada al comienzo del estudio.

El resultado inesperado

Los adolescentes que habían acumulado más tiempo de pantalla desde la infancia mostraron tiempos de reacción más rápidos en dos pruebas de memoria de trabajo y mejores resultados en el indicador de cognición general. Las asociaciones se mantuvieron incluso después de aplicar correcciones estadísticas para reducir la posibilidad de resultados producto del azar. Sin embargo, el tamaño del efecto fue pequeño: para la cognición global, por ejemplo, el coeficiente registrado fue de β = 0,187.

También aparecieron diferencias entre varones y mujeres. Entre las adolescentes, un mayor tiempo acumulado de pantalla estuvo relacionado con mejores resultados en dos pruebas de memoria de trabajo y con una mejor cognición global. Entre los varones, la relación fue más limitada y apareció principalmente en una de las pruebas de memoria. Otro resultado llamó la atención: la actividad física acumulada medida mediante dispositivos no mostró una relación significativa con la cognición del conjunto de participantes.

Pantallas no significa una sola cosa

Para los autores, una posible explicación está justamente en aquello que muchas investigaciones sobre “tiempo de pantalla” no consiguen capturar: qué hace realmente una persona mientras está frente a una pantalla.

En la discusión científica plantean que determinadas actividades sedentarias pueden incluir acciones cognitivamente exigentes, como leer, escribir, realizar tareas escolares o jugar videojuegos. De allí surge la hipótesis de que dos niños que pasan la misma cantidad de tiempo utilizando dispositivos podrían estar teniendo experiencias completamente distintas desde el punto de vista cognitivo.

Pero existe una limitación fundamental: el estudio agrupó diferentes usos dentro de la categoría general de “tiempo de pantalla”. Por eso no permite determinar qué actividades digitales podrían explicar la asociación encontrada. Tampoco demuestra que aumentar deliberadamente las horas frente a dispositivos produzca mejores capacidades cognitivas.

Asociación, no causalidad

Los propios investigadores son explícitos sobre este límite. La capacidad cognitiva completa fue evaluada únicamente al final del seguimiento, por lo que no es posible establecer una relación de causa y efecto. Incluso reconocen la posibilidad de causalidad inversa: niños con determinadas capacidades cognitivas podrían haber terminado utilizando más las pantallas, y no necesariamente haber desarrollado esas capacidades gracias a ellas.

El contexto también vuelve particular al estudio. La investigación fue realizada en Finlandia, país que durante décadas se convirtió en una referencia internacional en educación, aunque sus resultados escolares han retrocedido respecto de sus mejores años. El trabajo no demuestra que las pantallas sean beneficiosas ni invalida los riesgos asociados a determinados usos excesivos. Lo que sí aporta, después de ocho años de seguimiento, es evidencia para una discusión más matizada: cuando se habla del efecto de las pantallas sobre los niños, contar únicamente las horas puede no ser suficiente.