Día del Idioma Guaraní: casi 7 de cada 10 paraguayos lo hablan en sus hogares

Cada 25 de agosto Paraguay celebra una lengua que atravesó la Colonia, sobrevivió a políticas de castellanización y terminó convertida en idioma oficial. Hoy, el guaraní sigue presente en la mayoría de los hogares.

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Cultura 25/8/26

Cada 25 de agosto se conmemora el Día del Idioma Guaraní, en recuerdo de la Constitución promulgada en 1967, que reconoció al guaraní como lengua nacional. Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes y ayuda a explicar una particularidad paraguaya: una lengua de origen indígena logró extenderse a una población mayoritariamente no indígena hasta convertirse en uno de los principales elementos de identidad del país.

El camino no fue lineal. El guaraní atravesó la colonización, políticas de castellanización y largos periodos de subordinación frente al español. También encontró espacios decisivos para sobrevivir: las familias, las comunidades rurales y hasta las guerras. Recién con la Constitución de 1992 alcanzó, junto con el castellano, la condición de idioma oficial del Paraguay.

De indígena a paraguayo

Durante la Colonia, la cantidad de españoles asentados en Paraguay fue relativamente pequeña y las uniones entre españoles y mujeres guaraníes tuvieron un papel central en la conformación de la sociedad mestiza. En numerosos hogares, los hijos crecían con el guaraní como lengua de comunicación familiar, transmitida principalmente por sus madres.

Con el paso de las generaciones ocurrió algo determinante: hablar guaraní dejó de significar necesariamente pertenecer a una comunidad indígena. El idioma se extendió entre criollos y mestizos y comenzó a desarrollarse lo que hoy conocemos como guaraní paraguayo, diferenciado históricamente de las variedades habladas por los distintos pueblos indígenas.

El antropólogo y lingüista Bartomeu Melià, uno de los principales estudiosos del guaraní, describió cómo durante los siglos XVIII y XIX la lengua permaneció profundamente arraigada entre una población que progresivamente comenzó a reconocerse como paraguaya.

En 1848, durante el gobierno de Carlos Antonio López, se decretó la extinción jurídica de las comunidades de los antiguos pueblos de indios. Sus habitantes fueron incorporados formalmente a la ciudadanía paraguaya y las estructuras comunitarias indígenas fueron desarticuladas. Pero la lengua no desapareció con ellas.

Se produjo así una particular paradoja: mientras parte de la identidad jurídica y social indígena se diluía dentro de la nueva sociedad nacional, el guaraní continuaba transmitiéndose de generación en generación.

El idioma se extendió entre criollos y mestizos y comenzó a desarrollarse lo que hoy conocemos como guaraní paraguayo.

Una lengua castigada

La supervivencia tampoco significó aceptación institucional. Durante el gobierno de Carlos Antonio López se impulsó una política de castellanización, particularmente a través de la educación. Investigaciones de Melià registran incluso la prohibición de hablar guaraní entre escolares y la utilización de castigos físicos contra niños que lo utilizaban.

Tras la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), el castellano volvió a ocupar un lugar privilegiado dentro del proyecto educativo y cultural de las élites de la posguerra. El guaraní fue asociado en distintos momentos con el atraso y la ruralidad, mientras la escuela y las instituciones públicas favorecían el español.

Pero las guerras produjeron una contradicción histórica. Durante la Triple Alianza, el guaraní fue utilizado entre soldados, en publicaciones y como instrumento de comunicación y movilización. Décadas después, durante la Guerra del Chaco (1932-1935), volvió a tener importancia estratégica en las comunicaciones militares.

La lengua que podía ser desalentada o castigada dentro de la escuela era, al mismo tiempo, la lengua en la que buena parte de los paraguayos se comunicaba en su casa, en el campo y en el frente de batalla.

Esa transmisión cotidiana fue una de las principales razones de su supervivencia.

Durante el gobierno de Carlos Antonio López se impulsó una política de castellanización.

De lengua nacional a oficial

Durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) persistió otra contradicción. El guaraní fue exaltado como símbolo de patriotismo e identidad nacional, pero continuó en una posición desigual frente al castellano en ámbitos como la administración pública, la justicia y buena parte de la educación formal.

La Constitución de 1967 dio un paso histórico al reconocerlo como lengua nacional, acontecimiento que se recuerda cada 25 de agosto. El castellano, sin embargo, continuó siendo el idioma oficial.

La equiparación jurídica llegó después de la caída de la dictadura. La Constitución de 1992, en su artículo 140, estableció que Paraguay es un país pluricultural y bilingüe y reconoció al castellano y al guaraní como idiomas oficiales.

Posteriormente, la Ley N.º 4251/2010 de Lenguas desarrolló los derechos lingüísticos y las políticas públicas vinculadas a los idiomas del Paraguay. De este proceso surgieron también instituciones como la Secretaría de Políticas Lingüísticas y la Academia de la Lengua Guaraní.

La Constitución de 1992, en su artículo 140, estableció que Paraguay es un país pluricultural y bilingüe.

Casi 7 de cada 10

Más de cinco siglos después del comienzo del contacto colonial, los números muestran hasta qué punto el guaraní consiguió permanecer dentro de la sociedad paraguaya.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) 2024 del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre la población de 5 años y más, 30% utiliza principalmente el guaraní en el hogar, mientras otro 38,7% utiliza guaraní y castellano.

Sumados ambos grupos, 68,7% de la población utiliza el guaraní, solo o combinado con el castellano, dentro de sus hogares. Es decir, casi 7 de cada 10 paraguayos.

La realidad cambia considerablemente según el territorio. En las zonas rurales, 53,1% utiliza principalmente el guaraní, frente al 16,3% registrado en las áreas urbanas. En departamentos como Concepción alcanza 66%, San Pedro 64%, Caaguazú 59% y Caazapá 53%.

Asunción muestra el otro extremo: apenas 3% utiliza principalmente guaraní en el hogar, aunque otro 34% combina guaraní y castellano. En Central, el guaraní predominante alcanza 10%, pero el uso combinado de ambas lenguas llega al 50%.

Los números también muestran una transformación. El guaraní continúa teniendo una presencia mucho más fuerte en el Paraguay rural, mientras en las zonas urbanas avanza una convivencia cotidiana entre ambas lenguas.

El idioma atravesó así un recorrido excepcional: nació mucho antes de que existiera Paraguay, pasó de los pueblos indígenas a la sociedad mestiza, sobrevivió a políticas de castellanización, fue castigado en las escuelas y utilizado en las guerras, hasta conseguir reconocimiento constitucional.

Hoy ya no necesita solamente de la historia para demostrar su vigencia. Casi 7 de cada 10 paraguayos siguen utilizándolo dentro de sus hogares, solos o junto con el castellano. Durante siglos, antes de que las leyes terminaran por reconocerlo, fueron sus propios hablantes quienes mantuvieron vivo al guaraní.

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