La Guarania nació en 1925, cuando José Asunción Flores comenzó a experimentar con la polca paraguaya buscando una expresión musical diferente, capaz de transmitir con mayor profundidad la sensibilidad de su pueblo. El resultado fue un género de tempo lento, melodías profundas y una fuerte relación con el idioma guaraní, que terminaría convirtiéndose en una de las expresiones culturales más representativas del Paraguay.
Más de un siglo después, aquella creación ya no pertenece solamente a la historia de Flores. Compositores, poetas e intérpretes de distintas generaciones construyeron alrededor de la Guarania un patrimonio colectivo que atravesó fronteras. Ese recorrido alcanzó uno de sus puntos más importantes en diciembre de 2024, cuando la UNESCO inscribió a la “Guarania, sonido del alma paraguaya” en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El origen de un género
Flores era todavía muy joven cuando comenzó su búsqueda. Formado musicalmente en la Banda de Policía, experimentó con la estructura de la polca paraguaya y fue modificando su ritmo hasta desarrollar una nueva forma musical. La Secretaría Nacional de Cultura ubica en 1925 el nacimiento de la Guarania y señala a Jejuí como la primera composición del género.
También el nombre tiene su propia historia. De acuerdo con la reseña oficial de la Secretaría de Cultura, Flores encontró la palabra “Guarania” en Canto a la raza, poema de Guillermo Molinas Rolón publicado en 1910, y decidió utilizarla para denominar aquella nueva creación musical.
La posterior relación entre Flores y el poeta Manuel Ortiz Guerrero resultó decisiva para consolidar el género. De ese encuentro surgieron obras como India, Panambi Vera y Ne Rendápe Aju, donde música y poesía terminaron construyendo una forma particular de narrar el paisaje, los sentimientos y la identidad paraguaya.

Manuel Ortiz Guerrero, poeta fundamental en los primeros años de la Guarania. Foto: Gentileza.
Los otros maestros
Aunque Flores fue su creador, la Guarania se convirtió en patrimonio cultural porque otros músicos la hicieron suya. Herminio Giménez, Agustín Barboza, Demetrio Ortiz, Florentín Giménez, Eladio Martínez y Emigdio Ayala Báez, entre otros referentes, contribuyeron desde la composición y la interpretación a desarrollar el género y ampliar su alcance.
Agustín Barboza fue uno de sus grandes intérpretes y difusores internacionales. Florentín Giménez profundizó el diálogo entre la Guarania, la música popular y las formas académicas. Demetrio Ortiz, por su parte, compuso Recuerdos de Ypacaraí, que alcanzó una extraordinaria difusión internacional y fue interpretada en diferentes idiomas y países.
Así, la Guarania dejó progresivamente de ser solamente la obra de su creador. Poetas, compositores, intérpretes y nuevas generaciones ampliaron su repertorio y permitieron que sobreviviera al tiempo. Esa continuidad es fundamental para comprender por qué la UNESCO terminaría reconociéndola no como una colección de canciones, sino como una manifestación cultural viva.

Demetrio Ortiz, compositor de Recuerdos de Ypacaraí. Foto: Gentileza.
El camino a la UNESCO
El reconocimiento internacional fue resultado de un proceso de investigación, documentación y construcción de una candidatura paraguaya. La postulación involucró a instituciones públicas, músicos, investigadores y organizaciones vinculadas a la preservación del género, con medidas orientadas no solamente a conservar su historia, sino también a garantizar su transmisión.
Finalmente, en diciembre de 2024, durante la 19.ª sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial realizada en Asunción, la UNESCO aprobó la inscripción de “Guarania, sonido del alma paraguaya” en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La UNESCO describe a la Guarania como un género originado en Paraguay, caracterizado por ritmos sincopados y un tempo lento inspirado en la polca paraguaya, con presencia del idioma guaraní y elementos de la música nativa y popular. Pero el elemento central del reconocimiento está en lo que representa: una expresión transmitida entre generaciones que genera identidad, memoria y sentido de pertenencia, tanto dentro del país como entre los paraguayos que viven en el exterior.

Herminio Giménez, compositor, director y músico de enorme peso en la historia musical paraguaya. Foto: Gentileza.
Después del centenario
En 2025, Paraguay celebró oficialmente los 100 años de la creación de la Guarania. Ese aniversario cerró simbólicamente un recorrido iniciado con los experimentos de Flores y que, un año antes, había conseguido el reconocimiento mundial de la UNESCO.
La Semana de la Guarania 2026 ocurre, por tanto, en una etapa diferente. Ya no se trata de celebrar el centenario ni de buscar el reconocimiento internacional: ambos hitos quedaron atrás. El desafío ahora es conseguir que ese patrimonio continúe circulando, especialmente entre generaciones que crecieron alejadas de los grandes nombres y composiciones que construyeron el género.
Porque ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad no convierte a la Guarania en una pieza de museo. Su permanencia depende de que continúe enseñándose, interpretándose, investigándose y escuchándose. Después de Flores, de los maestros que ampliaron su legado, del reconocimiento de la UNESCO y del centenario, esa es la tarea que comienza a marcar su segundo siglo: conseguir que la Guarania siga siendo patrimonio del mundo porque primero continúa siendo patrimonio vivo del Paraguay.