El carrulim es una mezcla de caña, ruda y limón que cada 1 de agosto vuelve a las mesas familiares, los mercados y las esquinas de Paraguay. La costumbre está ligada a un viejo dicho que todavía se escucha en guaraní: "Agosto, vaka piru ha tuja rerahaha", una expresión que suele traducirse como "agosto, de la vaca flaca y el que se lleva a los ancianos". Durante generaciones, agosto fue visto como un mes difícil, marcado por la escasez y las enfermedades. De ese contexto nació una tradición que aún hoy permanece viva y que, para muchos, simboliza el deseo de comenzar el nuevo mes con salud, esperanza y buena fortuna.
Cuando agosto preocupaba
Mucho antes de que existieran calendarios sanitarios o pronósticos climáticos, las comunidades campesinas conocían muy bien los ciclos del año. Agosto llegaba al final del invierno, cuando las reservas de alimentos disminuían, el ganado perdía peso y el frío seguía golpeando con fuerza. Las enfermedades respiratorias afectaban especialmente a niños y adultos mayores, por lo que el mes adquirió una fama difícil de borrar.
Javier Torres, creador del Paseo de los Yuyos, impulsa el carrulim y preserva la tradición de los remedios yuyos.
Con el tiempo, esa experiencia quedó resumida en el dicho "Agosto, vaka piru ha tuja rerahaha". Más que una frase, se convirtió en una forma de describir una época en la que sobrevivir al invierno dependía muchas veces de las cosechas, del estado de los animales y de la salud de la familia.
Fue en ese escenario donde comenzaron a consolidarse distintas costumbres para recibir agosto. Entre ellas, el carrulim terminó convirtiéndose en la más conocida y extendida en Paraguay.
Una receta con historia
El nombre carrulim nace de la combinación de las primeras sílabas de sus ingredientes: ca de caña, rru de ruda y lim de limón.
La ruda llegó a América durante la época colonial y desde hacía siglos era utilizada en Europa dentro de la medicina popular y en distintas tradiciones. En Paraguay, esos conocimientos se mezclaron con costumbres locales hasta formar parte de un ritual que fue transmitiéndose de generación en generación.
No existe una única forma de prepararlo. Algunas familias acostumbran beber tres tragos; otras prefieren siete, siempre durante la mañana del 1 de agosto. También es habitual dejar la ruda macerando varios días dentro de la botella de caña antes de servirla.
Aunque el carrulim es una tradición profundamente identificada con Paraguay, prácticas similares también se mantienen en provincias argentinas como Misiones y Corrientes, donde cada comienzo de agosto muchas personas toman caña con ruda como parte de una costumbre compartida en la región.
Un patrimonio que sigue vivo
Con el paso de los años, el carrulim dejó de ser una práctica exclusivamente familiar. Hoy forma parte de la agenda cultural del país y cada 1 de agosto vuelve a aparecer en mercados, plazas, oficinas, instituciones públicas y encuentros entre amigos, donde compartir un pequeño vaso se ha convertido en un gesto que marca el inicio del mes.
Ese valor cultural fue reconocido oficialmente en 2019, cuando la Secretaría Nacional de Cultura declaró al carrulim Patrimonio Cultural Inmaterial del Paraguay, destacándolo como una expresión de la memoria colectiva y de las tradiciones populares que forman parte de la identidad nacional.
Quizás por eso la costumbre sigue vigente. Más allá de las creencias de cada persona, el carrulim continúa reuniendo a distintas generaciones alrededor de una receta sencilla que pasó de padres a hijos y de abuelos a nietos. Cada 1 de agosto, un vaso de caña, ruda y limón vuelve a recordar que algunas tradiciones encuentran su fuerza precisamente en la memoria compartida de un pueblo.