El domingo por la tarde, la calle Ana Díaz cambió de ritmo. Fraternidades bolivianas avanzaron con trajes bordados, polleras, máscaras y cascabeles al sonido de instrumentos de viento y percusión, mientras la imagen de la Virgen de Urkupiña recorría el sector acompañada por familias y devotos. El Mercado 4 fue el escenario de una celebración que reunió religión, folclore y gastronomía, pero también permitió acercarse a una comunidad que vive en Paraguay y mantiene parte de su identidad lejos de Bolivia.
La imagen de la Virgen de Urkupiña, centro de la celebración de la comunidad boliviana en Asunción
La Virgen y el sincretismo
La fiesta de Urkupiña tiene su centro en Quillacollo, a unos 14 kilómetros de Cochabamba, donde cada agosto congrega a miles de devotos. La celebración combina la devoción católica a la Virgen María con elementos de la cosmovisión andina, un sincretismo religioso y cultural que también aparece en sus danzas y símbolos.
En Asunción, los festejos se extendieron durante el sábado 29 y el domingo 30 de agosto. Hubo actividades religiosas y presentaciones de fraternidades, mientras que el domingo la imagen de la Virgen recorrió la zona de Ana Díaz acompañada por bailarines y devotos.
La Morenada desplegó sus característicos trajes bordados, máscaras y pasos durante la celebración de Urkupiña.
Según el material proporcionado por los organizadores, residentes bolivianos vinculados al Mercado 4 trajeron en 2001 una imagen de la Virgen de Urkupiña para tenerla como protectora.
Danzas que cruzaron fronteras
La Diablada, los Tobas, los Tinkus, los Caporales y la Morenada estuvieron entre las expresiones que participaron de la celebración. Cada una tiene una historia y características propias.
La Diablada es uno de los ejemplos más visibles del sincretismo: representa la lucha entre el bien y el mal y mezcla personajes del catolicismo con tradiciones andinas. Los Tinkus llevan al baile una práctica ritual vinculada al encuentro y al combate. Los Caporales se reconocen por sus movimientos enérgicos, saltos y cascabeles, mientras la Morenada avanza con un paso más pausado, máscaras y pesados trajes bordados.
Mujeres lucen sus atuendos tradicionales mientras músicos acompañan las danzas bolivianas en las calles de Asunción.
Entre los bailarines había distintas generaciones. Niños, jóvenes y adultos formaban parte de fraternidades que encuentran en estas danzas una manera de conservar y transmitir expresiones culturales bolivianas fuera de su país.
Bolivia también en la mesa
La celebración también pasaba por la comida. El excónsul boliviano René Zamora, quien conversó con este medio y facilitó información sobre el evento, compartió chicharrón de cerdo acompañado de papa y mote, un maíz cocido de grano grande habitual en la cocina andina.
También había hojas de coca, cuyo uso tradicional forma parte desde hace siglos de prácticas sociales y culturales de los Andes. Entre platos, música y conversaciones, la identidad boliviana aparecía tanto en los grandes trajes de las fraternidades como en costumbres mucho más cotidianas.
Al terminar las actividades sobre Ana Díaz, parte de los participantes se trasladó hasta un local ubicado en la esquina de Ana Díaz y Rigoberto Caballero, donde la música y las fraternidades continuaron como cierre de la jornada.
Jóvenes participantes lucen coloridos trajes bordados antes de sumarse a las danzas de la fiesta de Urkupiña.
Urkupiña lejos de Bolivia
El Mercado 4 no concentra a toda la comunidad boliviana que vive en Paraguay, pero mantiene una relación histórica con una parte de ella. En 1996, unas 68 familias provenientes de Bolivia instalaron un paseo comercial sobre Ana Díaz y Otazú. Tres décadas después, esas calles siguen siendo uno de los puntos de encuentro de la colectividad en Asunción.
La presencia boliviana, sin embargo, se extiende más allá del mercado. El Censo Nacional de 2022 registró 1.619 personas nacidas en Bolivia residentes en Paraguay, distribuidas en distintos puntos del país.
Urkupiña permite observar algo que esa cifra no cuenta. Durante dos días aparecen en las calles las fraternidades, los platos, la música, las familias y una devoción que viajó desde Bolivia y continuó transmitiéndose en Paraguay.
La imagen de la Virgen encabezó la celebración, pero alrededor de ella también desfilaron historias familiares y costumbres conservadas lejos de su lugar de origen. Este domingo, por unas horas, una parte de Bolivia volvió a hacerse visible en Asunción.