En farmacias, publicidades y conversaciones cotidianas es frecuente escuchar que un antigripal puede “cortar” la gripe. Incluso esa expresión puede aparecer entre profesionales de la salud. La sensación parece confirmarlo porque después de tomarlo pueden bajar el dolor, la fiebre o la congestión. Sin embargo, lo que llamamos antigripal suele ser una combinación de medicamentos que actúan sobre distintos síntomas. Pueden hacernos sentir mejor, pero eso no significa necesariamente que la enfermedad se haya acortado ni que haya desaparecido la causa que la produjo.
Qué hace un antigripal
No existe una única fórmula. Muchos combinan un medicamento para el dolor y la fiebre, como paracetamol, con un descongestivo y, según el producto, sustancias para reducir secreciones o controlar la tos.
Estos componentes actúan principalmente sobre lo que sentimos. El paracetamol reduce dolor y fiebre, mientras que la pseudoefedrina puede aliviar temporalmente la congestión. Otros componentes buscan disminuir la tos o las secreciones. No necesitan identificar si detrás de esos síntomas existe influenza, otro virus o una causa diferente para producir ese alivio.
En Paraguay, estas combinaciones aparecen en antigripales conocidos como Zatifen Grip, Cortagrip, Acemuk Grip, Bio-Gramon o Gripidol Compuesto, aunque sus fórmulas no son iguales.
Aliviar no es curar
Una revisión de Cochrane, que reunió 30 ensayos con más de 6.000 participantes, encontró cierto beneficio de las combinaciones de analgésicos, descongestivos y antihistamínicos para aliviar el resfriado común, aunque el efecto puede ser pequeño.
También hay que entender qué está haciendo el cuerpo. La fiebre forma parte de la respuesta natural del organismo frente a muchas infecciones. Al aumentar la temperatura se ponen en marcha mecanismos que ayudan al sistema inmunitario. Por eso, ante las primeras apariciones de fiebre, si es tolerable y el estado general es bueno, no siempre hace falta alarmarse o medicarse inmediatamente.
La tos también ayuda a limpiar las vías respiratorias y el moco cumple una función de protección. Si estos síntomas se vuelven intensos, generan mucho malestar o persisten, tratarlos puede ayudar y también importa conocer qué los está causando.
Ahí está buena parte de la sensación de haber “cortado” la gripe. Bajan los síntomas mientras el organismo continúa con su proceso de recuperación.
No siempre hace falta
Si aparecen varios síntomas juntos, un antigripal puede ayudar a pasar esos días con menos molestias. Pero no todas las personas necesitan todos sus componentes. Alguien que solo tiene fiebre y dolor podría terminar tomando además medicamentos para congestión, secreciones o tos.
También conviene revisar qué contiene cada producto para no repetir, sin darse cuenta, una misma sustancia como el paracetamol.
Cuando existe influenza, hay antivirales específicos que sí actúan contra el virus y pueden estar indicados en determinados pacientes. Son diferentes de los antigripales comunes.
Reposo y tiempo
En cuadros leves, muchas veces lo primero es reposo, suficiente líquido y una buena alimentación mientras el cuerpo hace su trabajo. Una infusión caliente de menta, manzanilla, cedrón o jengibre puede aportar líquido y confort. La miel también puede aliviar la tos, aunque no se recomienda en menores de un año. Estos remedios caseros pueden acompañar la recuperación, pero no curan por sí solos la infección.
Si la fiebre persiste, aumenta, el cuadro empeora o aparecen síntomas que preocupan, corresponde consultar con un médico de confianza.
Los antigripales pueden ser útiles, pero conviene entender qué hacen realmente. Aliviar una gripe o un resfriado no es lo mismo que “cortarlos”.
Fuentes: Cochrane, revisión sobre combinaciones para el resfriado común; CDC, tratamiento del resfriado e influenza; PubMed, ensayos clínicos sobre paracetamol y descongestivos.