Cada año ocurre la misma escena. Antes incluso de que aparezcan las primeras hojas, los lapachos florecen y transforman calles, plazas y avenidas en una de las postales más reconocibles de Paraguay. Sus flores anuncian la llegada de una nueva estación y se han convertido en un símbolo nacional. Sin embargo, lejos del paisaje urbano, el mismo árbol también protagoniza otra historia que muy pocos conocen.
Mientras millones de personas admiran su floración, investigadores de distintos países llevan más de medio siglo estudiando las moléculas presentes en su corteza. El objetivo nunca fue comprobar si el árbol era "milagroso", sino entender si algunos de sus compuestos podían servir como base para desarrollar nuevos medicamentos. Esa búsqueda dejó avances importantes, varios fracasos y un consenso científico que hoy guía las investigaciones más recientes.
Cuando comenzó todo
El interés científico por el lapacho comenzó a crecer durante las décadas de 1960 y 1970. Investigadores aislaron uno de sus principales compuestos naturales, conocido como lapachol, y descubrieron que tenía actividad biológica en experimentos de laboratorio. Los primeros estudios mostraban que podía afectar el crecimiento de determinadas células tumorales y también actuar frente a algunos microorganismos.
Los resultados despertaron expectativas dentro de la comunidad científica. Uno de los trabajos más importantes de aquella etapa fue el ensayo Clinical Evaluation of Lapachol in Human Cancer, impulsado con participación del National Cancer Institute (NCI) de Estados Unidos. El estudio buscó responder una pregunta sencilla: si el compuesto funcionaba en laboratorio, ¿podía hacerlo también en pacientes con cáncer?
La respuesta fue solo parcial. Los investigadores observaron cierta actividad biológica e incluso algunos casos de estabilización temporal de la enfermedad. Sin embargo, comprobaron que las dosis necesarias para obtener un efecto terapéutico producían efectos adversos importantes, como alteraciones de la coagulación, náuseas y vómitos. Aquellos resultados frenaron el desarrollo del lapachol como medicamento y marcaron un punto de inflexión para la investigación.

Un nuevo camino
El fracaso clínico del lapachol no significó el final de los estudios sobre el lapacho. En los años siguientes, distintos equipos comenzaron a centrar su atención en otra molécula presente en el árbol: la β-lapachona. Los experimentos sugerían que este compuesto actuaba mediante mecanismos diferentes y podía ofrecer mejores perspectivas para futuras investigaciones.
Uno de los avances más importantes llegó en 2024, cuando un equipo encabezado por Yaxin Chen publicó un estudio sobre cáncer de pulmón. Los investigadores comprobaron que la β-lapachona reducía la formación de tumores en modelos animales con alta expresión de la enzima NQO1. Aunque los resultados fueron considerados alentadores, los propios autores señalaron que todavía era necesario confirmar esos efectos mediante ensayos clínicos en personas.
La investigación continuó avanzando. En 2025, un grupo liderado por Pan Du informó que la β-lapachona también lograba reducir el crecimiento del cáncer de cuello uterino en estudios experimentales, además de disminuir la capacidad de invasión de las células tumorales. Un año después, otra investigación identificó un nuevo mecanismo de acción relacionado con la proteína USP22, vinculada al desarrollo del cáncer de pulmón. Todos estos trabajos siguen perteneciendo al campo de la investigación preclínica.

Lo que hoy sabe la ciencia
Después de más de cinco décadas de estudios, existe un punto sobre el que prácticamente no hay discusión. El lapacho contiene compuestos con una actividad biológica demostrada en laboratorio. Numerosas investigaciones independientes confirmaron efectos sobre procesos relacionados con algunos tipos de cáncer, la inflamación y determinados microorganismos.
Sin embargo, la evidencia disponible también tiene límites muy claros. Hasta ahora, los resultados positivos se obtuvieron principalmente en cultivos celulares y modelos animales. Los ensayos realizados en personas no permitieron demostrar que consumir preparados de lapacho sea un tratamiento eficaz contra el cáncer u otras enfermedades, principalmente por problemas relacionados con la seguridad y la toxicidad observadas en las primeras investigaciones.
Por eso, la ciencia ya no busca demostrar que el lapacho, por sí solo, cure enfermedades. El objetivo actual es comprender cómo funcionan moléculas como la β-lapachona para diseñar medicamentos más seguros, específicos y eficaces. Mientras sus flores continúan marcando cada primavera en Paraguay, el árbol sigue despertando el interés de laboratorios de todo el mundo, donde todavía se intenta responder una pregunta que permanece abierta desde hace más de medio siglo: cómo transformar ese potencial biológico en tratamientos que realmente beneficien a los pacientes.