Los hongos con psilocibina llevan años despertando interés por su potencial para la salud mental. Ahora, nuevas investigaciones publicadas en 2026 aportan más evidencia sobre dos preguntas centrales: cuánto puede ayudar la psilocibina frente a la depresión y qué ocurre en el cerebro durante sus efectos. El interés ya trascendió los laboratorios. En Australia, por ejemplo, psiquiatras específicamente autorizados pueden acceder a psilocibina para tratar la depresión resistente bajo un esquema médico regulado.
Qué dicen los estudios
Una revisión y metaanálisis publicada en abril de 2026 en Nature Mental Health reunió 15 ensayos clínicos aleatorizados con 801 participantes. Al comparar los estudios, los investigadores encontraron una mayor reducción de los síntomas depresivos con psilocibina frente a las condiciones de control.
Es una señal importante porque no depende de un único experimento, sino que reúne la evidencia de distintos ensayos. Los propios investigadores advierten, sin embargo, que varios estudios todavía tienen pocos participantes o riesgo de sesgo.
Tampoco se trata simplemente de consumir hongos. Los ensayos trabajan con cantidades conocidas de psilocibina y participantes previamente seleccionados, generalmente en ambientes controlados y con acompañamiento profesional.
Sala de terapias con psicodélicos en el Parque Sanitario Sant Joan de Dèu, de Barcelona
Qué pasa en el cerebro
Otra investigación publicada en Nature Communications en 2026 siguió a 28 personas sanas que nunca habían utilizado psicodélicos. Los científicos observaron su cerebro antes y después de recibir 25 miligramos de psilocibina mediante diferentes técnicas de neuroimagen y electroencefalografía.
Durante la experiencia encontraron un aumento marcado de la complejidad de la actividad cerebral, algo que los investigadores llaman “entropía cerebral”. Lo interesante apareció después: esos cambios registrados durante las primeras horas permitieron predecir mayor percepción o comprensión psicológica al día siguiente y mejoras en el bienestar un mes más tarde.
El hallazgo aporta una pista sobre cómo una experiencia de pocas horas podría relacionarse con efectos psicológicos posteriores. Los investigadores también encontraron posibles cambios en la materia blanca cerebral al mes, aunque señalan que este resultado necesita ser confirmado por nuevos estudios.
De los hongos al tratamiento
La psilocibina es una sustancia presente naturalmente en determinadas especies de hongos. Una vez en el organismo se transforma principalmente en psilocina y actúa sobre el sistema de serotonina, alterando temporalmente la comunicación y actividad de distintas regiones del cerebro.
Su uso terapéutico se estudia en condiciones diferentes al consumo recreativo. Australia es uno de los casos más avanzados: permite que psiquiatras autorizados accedan a psilocibina para determinados pacientes con depresión resistente al tratamiento. El acceso está regulado y la autoridad sanitaria australiana mantiene estos productos dentro de la categoría de medicamentos no aprobados.
Una alternativa que avanza
La investigación de 2026 suma nuevas piezas a una historia científica que lleva años desarrollándose. Por un lado, la evidencia acumulada muestra una reducción de síntomas depresivos en los ensayos realizados hasta ahora. Por otro, los estudios del cerebro comienzan a mostrar qué sucede durante la experiencia y cómo algunos de esos cambios se relacionan con el bienestar posterior.
La siguiente pregunta es cada vez más concreta: qué personas pueden beneficiarse, cuánto pueden durar esos efectos y cómo integrar la psilocibina de forma segura dentro de un tratamiento para la depresión.