Alejandro M. Recalde
Paraguay cuenta con información suficiente para saber que el suicidio requiere atención sostenida como problema de salud pública. Lo que todavía cuesta tener es una fotografía actual, única y comparable. El principal indicador nacional de mortalidad por suicidio publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), con datos del Ministerio de Salud, llega hasta 2022.
Después aparecen registros de otras instituciones que aportan información valiosa, pero que no necesariamente pueden colocarse uno al lado del otro como si midieran exactamente lo mismo.
La última tasa comparable termina en 2022
La serie oficial muestra que la tasa de mortalidad por suicidio pasó de 5,7 por cada 100.000 habitantes en 2015 a 10,5 en 2022. En esos años hubo aumentos de distinta intensidad, pero hay otro dato relevante: 2022 sigue siendo el último año disponible dentro de esa serie nacional comparable.

Eso no significa que Paraguay haya dejado de producir información después de 2022. La Policía Nacional, por ejemplo, continúa registrando casos y el INE los incorpora en sus publicaciones estadísticas. Para 2023, el registro policial contabilizó 634 casos: 471 hombres y 163 mujeres.
También existen registros más recientes. El punto es que no todos fueron construidos de la misma manera ni responden necesariamente a la misma pregunta. Y ahí está una de las claves para entender los números.

Una cifra no reemplaza a otra
Policía, Medicina Legal y el sistema de Estadísticas Vitales de Salud observan el fenómeno desde lugares diferentes.
El indicador sanitario utilizado por el INE se construye a partir del Subsistema de Información de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud y clasifica las defunciones por causa. Los registros policiales, en cambio, corresponden a casos conocidos y registrados por la Policía. Medicina Legal genera a su vez información vinculada a sus intervenciones forenses.
Por eso, si dos instituciones informan cantidades diferentes, no significa automáticamente que una de ellas esté equivocada. Pueden variar el universo registrado, la cobertura, los procedimientos y hasta el momento en que cada base cierra sus datos.
La distinción es importante porque comparar directamente cifras construidas con metodologías diferentes puede producir conclusiones equivocadas. Para saber si el fenómeno aumenta, disminuye o se mantiene, lo ideal es seguir una misma serie y una misma metodología durante varios años.
Y ahí aparece la principal limitación: al 9 de agosto de 2026, el indicador nacional comparable publicado por el INE continúa abarcando el período 2015-2022.

El desafío es integrar y actualizar
Que una estadística llegue tarde no es solamente una cuestión técnica. Los datos permiten identificar edades, territorios y poblaciones que requieren mayor atención, además de evaluar si las políticas aplicadas están produciendo resultados.
Paraguay ya dio pasos en esa dirección. En 2025, el Ministerio de Salud validó un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, con apoyo de la OPS/OMS, buscando articular las acciones de prevención dentro de una política pública sostenida.
También existe una herramienta que hasta hace poco no estaba disponible: la Línea Nacional de Crisis 155.
Desde su implementación en 2025 y hasta el 18 de junio de 2026, el servicio registró 20.285 llamadas atendidas, según el Ministerio de Salud.
Ese número tampoco debe interpretarse como 20.285 personas con riesgo suicida. La Línea 155 recibe consultas por diferentes situaciones de salud mental, entre ellas crisis emocionales, ansiedad, pánico, necesidad de orientación y situaciones de riesgo.
Pero sí revela algo importante: miles de personas están utilizando un servicio público creado específicamente para brindar contención y orientación en salud mental.
Prevenir también es contar mejor
Hablar de suicidio exige cuidado. Los números ayudan a comprender el problema, pero detrás de cada registro existe una persona, una familia y una historia. La utilidad de una estadística no está en generar miedo, sino en permitir una mejor prevención.

Paraguay cuenta hoy con nuevas herramientas de atención y comenzó a desarrollar políticas específicas. El desafío pendiente es conseguir que los datos avancen al mismo ritmo: integrarlos, actualizarlos y explicar con claridad qué mide cada institución.
La información existe, pero permanece distribuida entre sistemas que cumplen funciones distintas. El siguiente paso no debería ser decidir cuál cifra “vale” y cuál no, sino conseguir que esos registros dialoguen entre sí y permitan construir una imagen nacional más actualizada.
Medir mejor también permite prevenir mejor.
Si vos o alguien cercano está atravesando una crisis emocional, necesita contención o enfrenta una situación de riesgo, podés llamar al 155.
Línea 155 de Salud Mental -Gratuita y confidencial
Disponible las 24 horas, los 365 días del año
Fuentes:
Instituto Nacional de Estadística (INE), Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS) y Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).