La historia oficial del Paraguay tiene una fórmula conocida: españoles, guaraníes y una nación mestiza. Pero falta una tercera raíz: la africana. Durante mucho tiempo, Paraguay se pensó como un país prácticamente sin negros, pese a los documentos y comunidades que mantuvieron viva su identidad.
La EPAP-2024 estima en 85.596 a las personas de cinco años y más que se identifican como kambá o afroparaguayas en la Región Oriental. La pregunta es cómo el país dejó de verlos.

Miembros del grupo cultural afroparaguayo Kamba Cua bailan durante las celebraciones en honor a San Baltasar (Foto gentileza Pulse Kenya)
Estaban aquí antes de que existiera el Paraguay
La presencia africana no comenzó con José Gervasio Artigas, como suele repetirse. Los documentos estudiados por Ignacio Telesca registran un levantamiento de personas esclavizadas en 1543 y, para 1556, a una persona esclavizada nacida ya en territorio paraguayo.
Los censos muestran una dimensión difícil de conciliar con la imagen tradicional. En 1782 se registraban 10.846 afrodescendientes, el 11,3% de la población; en 1799 eran 12.546 y, en 1846, sumaban 17.212.
Ese recorrido obliga a revisar una idea muy instalada: la población afrodescendiente no fue una presencia accidental ni tardía. Formó parte de la sociedad colonial, del trabajo, de las ciudades y de la vida cotidiana del país mucho antes de que Paraguay construyera la imagen con la que luego decidió explicarse a sí mismo.
Asunción fue mucho más negra de lo que recuerda
En 1782, negros y mulatos, libres y esclavizados, representaban el 54,7% de Asunción. En 1799 todavía constituían el 42,7%. Telesca sostiene que cuatro de cada diez personas que vivieron el proceso de independencia en la ciudad eran afrodescendientes.
Emboscada ofrece otra prueba. En 1741 fue creado allí un pueblo de frontera integrado por pardos libres y su núcleo inicial estuvo formado por 80 familias afrodescendientes. Esa presencia está ligada al propio origen de la ciudad.
Paraguay recordó con enorme fuerza sus componentes español y guaraní, mientras relegaba el africano. Las poblaciones no desaparecen porque un relato deje de mencionarlas. A veces, lo que desaparece es la memoria. La investigación de Telesca analiza precisamente cómo se construyó, después de la guerra, la idea de un “Paraguay sin negros”.

Integrantes de la comunidad afroparaguaya durante una celebración cultural. (Foto gentileza Secretaria Nacional de Cultura)
Cándido Silva: el clarín que sobrevivió al olvido
La presencia afroparaguaya también llegó al campo de batalla. La Biblioteca Nacional conserva la historia del sargento de trompa Cándido Silva, integrante del Batallón N.º 6 “Nambi’i”, célebre por su participación en distintos combates de la guerra. Con su clarín anunció al general José Eduvigis Díaz la victoria paraguaya en Curupayty, uno de los episodios más recordados de la Guerra contra la Triple Alianza.
Silva fue uno de los pocos sobrevivientes de su batallón. Tras la guerra regresó a Laurelty, hoy parte de San Lorenzo, donde promovió la construcción del Oratorio de San Baltazar y la cancha del Club 6 de Enero. Más tarde trabajó como conserje del Colegio Nacional de la Capital y como catequista desde 1916 hasta su muerte, el 24 de diciembre de 1925.

Cándido Silva, sargento de trompa del Batallón N.º 6 “Nambi’i”. (Foto gentileza Biblioteca Nacional del Paraguay)
El país discutió cómo contarlos y terminó sin hacerlo
Antes del Censo 2022, el Instituto Nacional de Estadística participó en discusiones sobre la incorporación de la variable étnico-racial. Incluso informó que la visibilización de la población afrodescendiente estaba siendo trabajada para el operativo censal.
Sin embargo, el trabajo de Telesca señala que la pregunta de autoidentificación afro quedó finalmente fuera del cuestionario censal.
Tres años después, la EPAP-2024 cambió la escala. La encuesta, realizada por el CIRD con cofinanciación del CONACYT, abarcó 5.932 hogares de 39 distritos y estimó en 85.596 la población kambá o afroparaguaya de cinco años y más en la Región Oriental. No es un censo nacional ni incluye al Chaco.
Paraguay no descubrió a sus afrodescendientes. Descubrió la dimensión de aquello que no había estado midiendo.

Integrantes del grupo Kuña Afro. (Gentileza: UNFPA Paraguay. Foto: Iván Acosta.)
No alcanza con recordar: también hay desigualdad
La EPAP muestra por qué la discusión no puede terminar en tambores, danzas o celebraciones de San Baltazar. La asistencia escolar entre niños y adolescentes afroparaguayos de 6 a 17 años se estima en 82,6%, frente al 95,9% de comparación. El analfabetismo llega al 9%.
Solo el 20,5% cuenta con seguro de salud y la pobreza multidimensional alcanza al 31,8%, más del doble del 15% de la población general de comparación.
No se trata de corregir un capítulo marginal de la historia. Una sociedad que no identifica a quienes la componen tampoco puede medir sus desigualdades, orientar políticas públicas ni entender de dónde viene.
Durante mucho tiempo, Paraguay creyó que sus negros habían desaparecido. Los documentos muestran que estaban aquí desde la colonia y las comunidades mantuvieron viva su identidad. Ahora, una encuesta encontró decenas de miles de personas que se reconocen como kambá o afroparaguayas.
No desaparecieron. Paraguay dejó de contarlos. Y cuando un país deja de contar a una parte de su gente, también corre el riesgo de dejar de verla.
Fuentes consultadas
Encuesta sobre la Población Afroparaguaya (EPAP-2024), CIRD–CONACYT; investigación histórica de Ignacio Telesca publicada en Estudios Paraguayos y SciELO; publicaciones del Instituto Nacional de Estadística y de la Secretaría Nacional de Cultura.