El salón de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana no fue solamente el escenario de un informe presidencial. Fue una demostración de fuerza política y una instancia de definición estratégica. Apenas diez días después de las internas municipales, con el oficialismo celebrando su amplia victoria, la cúpula colorada se reunió para enviar un mensaje hacia adentro y hacia afuera: las disputas internas quedaron atrás, el partido se presenta unido y busca proyectar continuidad política más allá del 2028.
La primera señal la dio Horacio Cartes. Antes de escuchar el informe del presidente de la República, llamó a cerrar las heridas de la competencia interna y recordó una frase de larga tradición política: “el que ganó no ganó todo y el que perdió no perdió todo”. Su mensaje fue que desde ahora todos vuelven a ser Lista 1. No era una frase menor: ocurría después de unas elecciones en las que Honor Colorado consolidó su dominio territorial y debía evitar que los sectores derrotados se conviertan en un problema hacia las municipales de octubre.
Santiago Peña tomó esa idea y fue todavía más allá. Utilizó una parte importante de su discurso para responder a quienes plantean una eventual fractura entre el Gobierno y Horacio Cartes. Habló de los “profetas de la división” y acusó a ciertos grupos económicos y mediáticos de intentar debilitar a los partidos políticos. Su afirmación más fuerte fue una declaración de identidad política: “En el Paraguay no hay democracia sin una ANR”. El mensaje fue claro: el oficialismo considera que la estabilidad política y económica del país está directamente vinculada a la continuidad del Partido Colorado.
Beto Ovelar, Pedro Aliana, Santiago Peña, Horacio Cartes, Felipe Salomón
El coloradismo se justifica en el poder
Uno de los ejes centrales de la exposición de Peña fue una defensa histórica del Partido Colorado como constructor del Paraguay moderno. No habló únicamente de su gobierno. Intentó construir una línea histórica que conecta el crecimiento económico, la estabilidad institucional y los avances sociales con la permanencia de la ANR en el poder.
En esa narrativa, presentó cifras que buscaban sostener esa idea: Paraguay creció 1.520% entre 1960 y 2024, según datos citados del Banco Mundial, registró una expansión del 6,6% en 2025 y proyecta otro año por encima del 4% en 2026. Peña afirmó que el país atraviesa el mejor momento económico de su historia y que eso no es una casualidad, sino el resultado de décadas de estabilidad política.
Pero el presidente también reconoció un límite del relato económico: las cifras macroeconómicas no necesariamente se traducen en una percepción de bienestar en todos los hogares. Ese reconocimiento abrió paso a una de las decisiones con mayor impacto político de la jornada.
Del crecimiento al bolsillo
El principal anuncio concreto del día fue el incremento del salario mínimo por encima de la inflación. La actualización correspondiente al índice de precios representaba un aumento del 2,4%, aproximadamente G. 60.000. Sin embargo, el Ejecutivo decidió elevar el ajuste al 5%.
El mensaje detrás de la medida fue político: el crecimiento debe sentirse en la vida cotidiana de los trabajadores. Peña defendió los avances en empleo, formalización, reducción de la pobreza y expansión de programas sociales como Hambre Cero, las becas del Gobierno, las pensiones a adultos mayores y la atención a la primera infancia. La idea central fue mostrar que el crecimiento económico debe convertirse en movilidad social.
Pedro Aliana, Felipe Salomón, Horacio Cartes, Santiago Peña
La tierra, una vieja deuda
Uno de los momentos más ideológicos del discurso fue la cuestión agraria. Peña retomó una de las históricas banderas del coloradismo: el acceso a la tierra para quienes trabajan en ella.
El Gobierno presentó su política como una “revolución del campo”. Mencionó la solución de conflictos históricos como Marina Cué, Arroyito y Barbero Cué, la entrega acelerada de títulos de propiedad y una reforma para facilitar el acceso de campesinos a la titularización de sus lotes.
La reducción de tasas de interés, especialmente para mujeres campesinas, y la propuesta de que el productor pueda comenzar a pagar recién después de iniciar su actividad, buscan presentar una política agraria basada en seguridad jurídica y producción, más que en confrontación ideológica.
Seguridad, orden y autoridad del Estado
Otro de los pilares del informe fue la seguridad. Peña vinculó este tema con la doctrina histórica de la ANR sobre orden y paz interna.
Destacó el aumento de agentes policiales, nuevas patrulleras, equipamiento, operativos contra el narcotráfico, la intervención del sistema penitenciario mediante la Operación Veneratio y la modernización de las Fuerzas Armadas.
El mensaje fue que el Estado recuperó espacios que habían quedado bajo influencia del crimen organizado y que Paraguay debe sostener una política de seguridad con mayor presencia estatal.
Beto Ovelar, Santiago Peña, Horacio Cartes, Pedro Aliana, Felipe Salomón
El segundo tiempo y el examen de la salud
Si la primera mitad del discurso estuvo dedicada a exhibir logros, la segunda tuvo un reconocimiento de vulnerabilidad: la salud sigue siendo la gran deuda del gobierno.
Peña admitió que, aunque existen inversiones históricas en hospitales, ambulancias, terapias intensivas y el INCAN, todavía hay paraguayos que no reciben la atención que necesitan. En ese contexto apareció una de las frases políticas más importantes de la jornada: después de un “primer tiempo” dedicado a ordenar un sistema con obras paralizadas y problemas acumulados, el Gobierno entra en un “segundo tiempo” donde “se hicieron cambios y se seguirán haciendo cambios en la medida que sea necesario”.
El mensaje fue reforzado por Horacio Cartes en una intervención de enorme significado político. El presidente del partido aprobó el informe de gestión, pero afirmó que la salud pública es la principal preocupación que recibe de la ciudadanía y pidió convertirla en la prioridad absoluta de esta etapa. Médicos, medicamentos, insumos y atención permanente fueron las exigencias planteadas desde la propia conducción partidaria.
De Itaipú a la inteligencia artificial
La parte más ambiciosa de la exposición fue la mirada hacia el futuro. Peña planteó que la generación que construyó Itaipú transformó el destino del Paraguay, pero que la actual debe responder una nueva pregunta: qué hará con esa energía en el siglo XXI.
La respuesta del Gobierno es convertir la energía en una plataforma tecnológica. Por eso anunció la alianza con Taiwán para desarrollar Iguazú Digital, un gran centro de computación soberana para inteligencia artificial, con la aspiración de convertir a Paraguay en un polo tecnológico del Cono Sur.
Es un cambio profundo de narrativa nacional: pasar de ser un exportador de electricidad a utilizar esa ventaja energética para generar conocimiento, servicios digitales, inversiones y empleos de alta calidad.
Sesión extraordinaria de la Junta de Gobierno de la A.N.R. de fecha 17 de junio 2026
La verdadera prueba
La sesión terminó con una resolución de respaldo total al presidente y a su gestión, pero dejó también un nuevo contrato político dentro del oficialismo. La ANR reivindicó su historia, defendió su permanencia en el poder y celebró sus victorias recientes. Sin embargo, también estableció que la segunda mitad del mandato será más exigente.
La estabilidad económica y los indicadores internacionales ya no serán suficientes para sostener el relato gubernamental. El verdadero examen estará en aquello que los ciudadanos experimentan todos los días: la atención en un hospital, la seguridad en sus barrios, el transporte que utilizan, el salario que reciben y las oportunidades que encuentran en su propio país.
Ese es el verdadero significado del “segundo tiempo” que comenzó en la Casa Colorada: no la etapa de las promesas, sino la etapa en la que el Gobierno deberá demostrar que el crecimiento puede convertirse en bienestar.