Paraguay cerrará 2025 con uno de los mayores crecimientos de la región. Según el Banco Central del Paraguay (BCP), el stock de inversión extranjera directa supera los USD 10.000 millones, con un incremento interanual cercano al 4 %. La mayor parte se concentra en agricultura, agroindustria, manufactura, energía, servicios e inmobiliario, sectores de alta rentabilidad y bajo impacto laboral.
El Ministerio de Industria y Comercio (MIC) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estiman que las misiones de inversión de 2024 movilizaron más de USD 650 millones, principalmente en zonas francas del Este. A simple vista, el país vive un auge sostenido. Pero la economía interna permanece débil y poco diversificada. Paraguay crece, sí, pero hacia arriba, no hacia adentro.
Una economía sin encadenamientos
Los capitales se concentran en sectores de alta rentabilidad —agroindustria, energía, banca, telecomunicaciones e inmobiliario—, pero con impacto acotado en empleo formal de calidad y vínculos con proveedores locales.
Aun cuando varias empresas incorporan tecnología avanzada, los encadenamientos con compañías nacionales siguen siendo limitados.
Según el Cadep, el 20 % más rico concentra el 51 % del ingreso nacional, mientras el 20 % más pobre accede a apenas 4,9 %. En 2022, los ingresos del 10 % más rico crecieron 35 %, frente a 1,7 % en el 10 % más pobre. La productividad se acumula donde el empleo no llega.

Mercado Municipal 4, Asunción, Paraguay
El Banco Mundial confirma la misma tendencia: la pobreza bajó 23 puntos entre 2003 y 2013, pero apenas 2,5 puntos entre 2013 y 2022. La última década fue de crecimiento sin movilidad.
La inflación acumulada (2015–2025) ronda el 50 %, mientras los salarios crecieron 40 %. Los alimentos se encarecieron 83 %, y el salario real perdió 4 % de poder de compra, según cálculos de Cadep con base en BCP e INE.
El impacto se siente en el consumo. “El consumo prácticamente se paró y muchas MIPYMES bajaron sus ventas hasta un 80 %”, alertó Luis Tavella, de FEDEMIPYMES. “No hay guaraníes en la calle”, resumió.
Estabilidad sin transformación
La estabilidad macroeconómica es la gran vitrina: inflación controlada, deuda moderada y grado de inversión. Pero esa estabilidad no ha logrado traducirse en una transformación productiva más amplia.
El World Justice Project ubica a Paraguay en el puesto 99 de 142 países en su informe más reciente sobre el Estado de Derecho (2024). A nivel regional, ocupa el puesto 24 de 32 países de América Latina y el Caribe.
La posición de Paraguay es preocupante y refleja debilidades en varias áreas, como la justicia penal, donde se ubica en el puesto 130 de 142.

Feriante paraguaya en la capital del país. Foto: gentileza
En el International Property Rights Index, el país ocupa el puesto 90, con una puntuación de 4,1/10 en protección de la propiedad.
Con este marco institucional, la inversión tiende a concentrarse en actividades ya consolidadas. El desafío pendiente es articular mejor la inversión con innovación local, proveedores nacionales y formación de talento, para ampliar el valor agregado y el empleo formal.
El FMI, el Banco Mundial y el BID coinciden en la receta general: mejorar la calidad del gasto, fortalecer el Estado de derecho y avanzar en la diversificación productiva para un crecimiento más inclusivo.
Un país que puede más
Paraguay cuenta con energía limpia, tierra fértil y estabilidad macroeconómica. La próxima frontera no es elegir entre caminos: es mantener el crecimiento y diversificarlo al mismo tiempo.
Si el país conecta inversión con innovación, capital con proveedores locales y estabilidad con instituciones, podrá convertir el crecimiento en desarrollo.
Paraguay puede hacerlo.
Y cuando lo haga, la estabilidad dejará de ser una meta y pasará a ser una consecuencia.