FDO de Janeiro, un pedacito de Brasil en Fernando de la Mora

Nació en un cumpleaños, inspirado en los bares de Río. Entre samba, pagode, caipiriñas y cervezas brasileñas, el local reúne sus propias historias y un público que llega por la música y vuelve por el ambiente.

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Investigaciones 15/10/26
Pagode en vivo en FDO de Janeiro, en Fernando de la Mora

La primera noche de FDO de Janeiro tenía música en vivo, unas cuantas mesas y un dueño que advertía que todavía faltaban cosas. Ni champañeras había. Era el 11 de diciembre de 2025 y Mateo Gómez, propietario del bar, había invitado a familiares y amigos para celebrar su cumpleaños. Pero empezaron a entrar desconocidos. Se acomodaron con lo que había y se quedaron. Al verlos disfrutar, decidió que aquello tenía que continuar.

De Lapa a Fernando

Mateo es paraguayo y su mamá era brasileña. Encuentra allí una primera explicación a su cariño por Brasil, aunque también recuerda el asombro de conocer el mar. Después descubrió Río de Janeiro, donde podía pasar de la playa a un bar y quedarse horas escuchando música.

Mateo Gómez, dueño de FDO de Janeiro, abrió el bar inspirado en sus viajes y su cariño por la cultura brasileña.

Una de sus referencias era Lapa, un barrio del centro de Río conocido por sus bares, la samba y la vida nocturna. Allí y frente a Copacabana empezó a imaginar un lugar parecido cerca de su casa.

“No puede ser que allá en Paraguay no tengamos una onda así”, recuerda que pensaba. Quería un sitio donde escuchar música brasileña, mirar conciertos y compartir una cerveza. “Yo mismo voy a hacer”, se dijo. El nombre juntó Río con Fernando de la Mora.

Los miércoles de samba

Después de la primera presentación, Mateo habló con los músicos para que volvieran cada miércoles. Quería que la gente supiera que esa noche tenía un lugar donde ir a escuchar samba.

“Quiero que la gente diga: los miércoles hay samba en Fernando de Janeiro”. Los anuncios del bar presentan esas noches como encuentros de pagode. Según su dueño, algunas semanas deja de promocionarlas porque ya no tiene espacio para recibir a más personas.

Las canciones también llegan de sus viajes. Si escucha algo que le gusta en una tienda o un bar, pregunta quién canta y busca actuaciones para compartir después en el local. Así va renovando la música que acompaña las mesas.

Los banderines de colores y el mural recuerdan las calles que le gustan de Brasil. Mateo cuenta que hay personas que pasan, miran y se detienen a sacar una foto. También eso quería cuando empezó a darle forma al lugar.

Una caipiriña de Río

Cerca de la escalera Selarón, en Río, Mateo probó una caipiriña que le gustó tanto que quiso aprender la receta. Habló con la señora que atendía el lugar y ella le mostró cómo prepararla.

Desde entonces usa lo aprendido y ajusta el dulzor y la intensidad según el gusto del cliente. También busca conseguir cervezas brasileñas para servirlas en los pequeños vasos que recuerda de sus viajes.

Entre banderines de colores y música en vivo, FDO de Janeiro reúne a su público en Fernando de la Mora.

Cuando le preguntan qué quiso traer de Brasil a Fernando de la Mora, responde con una palabra que repite durante la conversación. “Alegría, no hay otra cosa”.

Del hospital a la música

Entre los clientes había un médico que llegaba después del hospital. Mientras miraban videos musicales, conversaba con Mateo sobre los instrumentos. “Algún día voy a comprar ese instrumento”, le decía sobre el tantán. Buscaron precios y, tiempo después, apareció con el suyo.

Según relata Mateo, una noche se lo mostró a un músico que había ido a tocar al bar y le preguntó si podía enseñarle. El músico aceptó. Con el tiempo, aquel cliente terminó tocando con el grupo. “Ese realmente es un sueño que se le cumplió”, dice Mateo, que recuerda la emoción de su esposa al verlo participar.

Primero llegaron sus amigos. Después, desconocidos, personas de otras ciudades y brasileños que se sumaron a cantar y bailar. La playa queda lejos, pero entre caipiriñas, samba y pagode, en este bar de Fernando de la Mora se siente un pedacito de Brasil.