La televisión brasileña reveló que parte del llamado “cigarro paraguayo”, vendido ilegalmente en las calles, ya no solo cruza la frontera, sino que se fabrica dentro de Brasil en galpones clandestinos operados por organizaciones criminales. El programa Domingo Espectacular mostró imágenes, testimonios y datos oficiales que describen cómo trabajadores paraguayos fueron llevados al país vecino, encerrados, aislados de sus familias y obligados a laborar en condiciones análogas a la esclavitud. Las escenas divulgadas muestran barcos artesanales interceptados con alrededor de un millón de cigarrillos, máquinas operando sin pausa y operarios que relataron jornadas interminables dentro de estos espacios conocidos como “buracos”.
El reportaje revela que estos grupos criminales montan fábricas ocultas en diferentes estados brasileños, con maquinaria pesada y turnos de 24 horas, produciendo cigarrillos con marcas paraguayas muy presentes en el mercado ilegal. En uno de los operativos mostrados, la policía encontró 25 trabajadores dentro de una fábrica en plena actividad: 18 eran paraguayos. Ellos declararon que no podían salir, que sus teléfonos habían sido retenidos y que no recibieron el salario prometido. Tras ser liberados y trasladados a un albergue, el grupo desapareció, lo que dificulta la investigación.
Crecimiento de la producción clandestina en Brasil
El programa mostró que, mientras las incautaciones de cigarrillos en frontera siguen siendo altas, con barcos artesanales cruzando de madrugada y cargas envueltas en plástico para burlar controles, la estructura criminal se ha desplazado. Aunque la Policía Federal incautó 789 millones de reales en cigarrillos el año pasado —cifra menor a los 1.300 millones de reales incautados en 2021—, los investigadores advierten que la reducción no necesariamente indica menos contrabando, sino un cambio en la modalidad del negocio. Las organizaciones criminales brasileñas ahora producen directamente en su territorio, evitando así los controles fronterizos.
Condiciones de encierro y trabajo análogo a esclavitud
Los testimonios presentados describen un esquema donde los trabajadores paraguayos eran privados de documentos, incomunicados, sin descanso semanal y sometidos a temperaturas extremas dentro de los galpones. La fiscal consultada por la TV brasileña confirmó que lo observado constituye un régimen de esclavitud total, con personas que duermen, comen y trabajan en el mismo lugar, algunas veces amenazadas de muerte. Según la misma fuente, muchos aceptan viajar por necesidad económica, atraídos por la promesa de salarios cuatro o cinco veces mayores que en Paraguay.
Investigaciones lentas y un mercado que sigue en expansión
De acuerdo con el reportaje, la falta de colaboración de las víctimas —que huyen o desaparecen tras ser liberadas— complica el avance de las investigaciones tanto en Brasil como en Paraguay. Las autoridades brasileñas señalan que las facciones que operan en estas fábricas forman una asociación criminal internacional, y que la producción se instala estratégicamente lejos de los puntos tradicionales de control fronterizo. Los investigadores declararon que, aun cuando una fábrica es cerrada, otra se abre en cuestión de meses, mientras el mercado ilegal sigue expandiéndose en ciudades distantes de la frontera.