En el día de su patrono, San Jerónimo celebra la historia y la vida de su barrio

En una de las siete lomas de Asunción, vecinos de San Jerónimo vuelven a reunirse alrededor de su patrono. Este año, la celebración tiene un peso especial: su capilla y sus instituciones comunitarias cumplen un siglo.

Featured blog image
Cultura 30/9/26

Cuando las campanas vuelvan a sonar a la medianoche en San Jerónimo, no marcarán solamente la llegada del día de su santo patrono. Cien años después de la construcción de su capilla, el repique volverá a atravesar una de las comunidades más singulares de Asunción, levantada sobre calles estrechas, desniveles y pasillos que todavía conservan una forma distinta de habitar la ciudad. Este 30 de septiembre, la fiesta patronal encuentra al barrio celebrando también un siglo de organización alrededor de instituciones que acompañaron buena parte de su historia.

San Jerónimo es una de las siete lomas históricas de la capital. Un informe del programa Patrimonio Vivo de la Municipalidad de Asunción describe su trazado como el resultado de una ocupación progresiva vinculada al puerto y condicionada por la topografía y el arroyo Jaén. A diferencia de buena parte del centro asunceno, allí las calles no terminaron sometidas completamente a la cuadrícula: crecieron siguiendo la loma. El resultado permanece en sus callejuelas, escalinatas y pasajes, pero también en una identidad barrial que la propia documentación municipal relaciona con el arraigo de sus habitantes y la participación comunitaria.

Un siglo alrededor de la capilla

Aunque la historia de la comunidad es mucho más antigua, 1926 fue un año decisivo para su organización institucional. La capilla de San Jerónimo y el Club San Jerónimo nacieron aquel año y llegan en 2026 a su centenario, una coincidencia que la Municipalidad incorporó a su programa de recuperación de la memoria de los barrios históricos de Asunción.

La construcción de la capilla también conserva una historia transmitida entre generaciones. La memoria vecinal atribuye al sacerdote italiano Gabriel Bulgarelli un papel importante en aquel proceso. Junto con vecinos y la Asociación de Damas Italianas, habría impulsado actividades para reunir fondos destinados primero a una escuela y después al templo. El actual Pasaje Bulgarelli mantiene su apellido dentro de la geografía cotidiana del barrio.

Capilla y club terminaron siendo mucho más que dos edificios. Alrededor de ellos se organizaron celebraciones religiosas, encuentros deportivos y actividades vecinales. Este año, las fiestas patronales conmemoran precisamente los 100 años de vida institucional de la Asociación San Jerónimo y del oratorio, bajo el lema “Celebrando 100 años de fe, historia y comunidad que nos une”.

Capilla de San Jerónimo. Foto: Gentileza.

Una historia que se habita

La particularidad de San Jerónimo no está solamente en aquello que puede fotografiarse. Una investigación de Évellin Mesquita, de la Universidad de Brasilia, estudió el barrio desde el concepto de patrimonio territorial y encontró que buena parte de aquello que consiguió permanecer está en la propia manera de vivir de sus habitantes: la solidaridad comunitaria, las manifestaciones socioculturales, la memoria y los lugares asociados a la formación del territorio.

La investigación sitúa la formación histórica de San Jerónimo hacia mediados del siglo XVIII y señala que el sector recibió protección patrimonial en 1996. También introduce una mirada menos romántica sobre su historia: durante décadas, la memoria de una comunidad formada en buena medida por población humilde quedó relegada, antes de que el valor histórico y cultural del lugar comenzara a ganar visibilidad mediante su transformación turística.

Esa mirada permite entender por qué el patrimonio del barrio no termina en sus casas, murales o escaleras. Está también en las prácticas que pasan de una generación a otra. En abril de este año, por ejemplo, vecinos volvieron a organizar el tradicional Chipa Apo con niños de la comunidad, una actividad pensada precisamente para transmitir la tradición y fortalecer el sentido de pertenencia.

Pasaje de Loma San Jerónimo. Foto: Eduardo Velázquez.

De la loma a la ciudad

Con el tiempo, aquello que formaba parte de la vida cotidiana de sus habitantes comenzó también a atraer visitantes. En 2013, San Jerónimo fue presentado como el primer barrio turístico de Asunción, y sus pasillos, fachadas, miradores, murales y escalinatas pasaron a formar parte de una nueva imagen del lugar.

Pero detrás de esa postal continúa existiendo un barrio habitado. El informe de Patrimonio Vivo destaca precisamente que su morfología popular favoreció un fuerte carácter barrial. La investigación académica de Mesquita llega a una idea similar desde otra perspectiva: pese a las intervenciones y a la explotación turística de su patrimonio, las formas comunitarias de apropiación del territorio consiguieron persistir.

Por eso, el desafío actual va más allá de atraer visitantes. Implica conservar una identidad construida durante generaciones mientras la zona se integra a los cambios del centro histórico. En 2026, la propia Municipalidad volvió a colocar a San Jerónimo entre los barrios prioritarios para trabajar memoria, patrimonio y participación vecinal.

Imagen antigua de Loma San Jerónio. Foto: Gentileza.

El patrono vuelve a recorrerlo

La celebración de este año comenzó con el novenario y tendrá su momento central este 30 de septiembre, día de San Jerónimo. El programa contempla el recorrido de la imagen del santo por la comunidad, la tradicional procesión y actividades culturales, además de intervenciones destinadas a poner en valor distintos espacios del barrio.

La escena se repite después de generaciones, pero este año carga con una fecha difícil de ignorar. La imagen vuelve a atravesar los mismos pasillos de una comunidad que celebra los cien años de las instituciones alrededor de las cuales organizó buena parte de su vida.

En San Jerónimo, una escalera sigue siendo el camino entre dos sectores del barrio antes que una postal; un pasaje conserva el apellido de quien ayudó a construir su capilla; y una fiesta religiosa vuelve a reunir a las familias en las mismas calles donde la ciudad nunca consiguió imponer completamente sus líneas rectas.

Este 30 de septiembre, la celebración no ocurre simplemente en San Jerónimo. Es San Jerónimo el que vuelve a celebrarse a sí mismo.