Paraguay acaba de enviar una señal poco habitual dentro de la región. El presidente Santiago Peña anunció un acuerdo con Xavier Niel, uno de los empresarios tecnológicos más influyentes de Europa y principal accionista de Millicom, para instalar en el país un campus de School 42, una de las plataformas de formación tecnológica más reconocidas del mundo.
El anuncio no solo tiene implicancias educativas. También expone una tendencia geopolítica y económica cada vez más visible: los países ya no compiten únicamente por atraer fábricas, infraestructura o capital financiero. Empiezan a competir por formar talento digital capaz de insertarse en la economía global del software, la inteligencia artificial y los servicios tecnológicos.
La economía del talento
Durante décadas, Paraguay construyó gran parte de su atractivo económico alrededor de su energía barata, estabilidad macroeconómica y baja presión tributaria. Pero el movimiento anunciado ahora apunta hacia otro terreno: el capital humano tecnológico.
School 42 nació en Francia en 2013 bajo el impulso de Xavier Niel, fundador de la empresa de telecomunicaciones Free y una de las figuras más relevantes del ecosistema tecnológico europeo. El modelo se expandió rápidamente y hoy cuenta con más de 50 campus en distintos países.
Oficinas de School 42 en Luxemburgo
Su propuesta rompe con la lógica educativa tradicional. No utiliza profesores ni clases magistrales. El aprendizaje se basa en resolución práctica de problemas, proyectos colaborativos y evaluación entre pares. El foco está puesto en programación, lógica computacional y desarrollo de habilidades técnicas para la industria digital.
El sistema se volvió especialmente conocido porque busca formar perfiles preparados para un mercado global con déficit creciente de desarrolladores, ingenieros de software y especialistas tecnológicos.
El rol de Millicom y Tigo
La presencia de Millicom dentro del acuerdo tampoco es menor. La compañía opera en América Latina bajo la marca Tigo y es una de las mayores empresas de telecomunicaciones de la región.
En Paraguay, Tigo ya posee una posición dominante en conectividad móvil, internet, servicios empresariales y ecosistemas digitales. Pero este movimiento muestra una expansión estratégica distinta: pasar de vender infraestructura tecnológica a participar directamente en la formación del capital humano que demandará la economía digital.
A nivel internacional, muchas grandes empresas tecnológicas comenzaron a involucrarse cada vez más en procesos educativos y de capacitación, ante la dificultad de encontrar suficiente mano de obra especializada.
En ese contexto, Paraguay aparece como un territorio atractivo por varias razones: población joven, costos relativamente bajos, creciente conectividad y estabilidad macroeconómica comparativa frente a otros países de la región.
Una competencia global silenciosa
La disputa por talento digital se convirtió en uno de los ejes menos visibles de la nueva economía mundial.
Mientras algunos países buscan atraer fábricas de semiconductores o centros logísticos, otros intentan convertirse en exportadores de servicios tecnológicos y trabajo remoto de alto valor agregado.
Oficinas de School 42 en Singapur
La lógica detrás de ese modelo es simple: un programador paraguayo puede trabajar para una empresa de Estados Unidos, Europa o Asia sin abandonar el país. Eso transforma al conocimiento en una forma de exportación.
El propio Santiago Peña apuntó en esa dirección al afirmar que “el conocimiento y el talento digital son la exportación perfecta para conectarnos con el mundo”.
No se trata de una idea aislada. Gobiernos y empresas de distintos países comenzaron a invertir agresivamente en formación tecnológica ante el crecimiento de sectores vinculados a inteligencia artificial, automatización, fintech, ciberseguridad y servicios digitales.
El desafío paraguayo
Sin embargo, el anuncio también abre interrogantes estructurales.
Paraguay arrastra históricamente problemas de calidad educativa, brechas digitales y debilidades en formación científica y matemática. El desafío no será solamente inaugurar un campus tecnológico, sino generar una masa crítica de jóvenes capaces de sostener procesos avanzados de formación digital.
También quedan pendientes datos centrales del proyecto: financiamiento, ubicación exacta, cantidad de cupos, criterios de selección y articulación con el mercado laboral.
La experiencia internacional muestra que modelos como School 42 pueden convertirse en polos de innovación y generación de talento. Pero su impacto real depende de ecosistemas más amplios: conectividad, educación básica, idioma, inserción empresarial y capacidad de atraer inversión tecnológica.
Aun así, el anuncio refleja un cambio importante en la narrativa económica paraguaya. La conversación ya no gira solamente alrededor de soja, carne o energía. Empieza a incluir programación, exportación de conocimiento y economía digital.
Y en la competencia global que viene, eso puede terminar siendo mucho más estratégico de lo que parece.