Mientras casi toda Sudamérica mantiene relaciones diplomáticas plenas con la República Popular China, nuestro país sigue siendo el único de la región que reconoce oficialmente a Taiwán. La pregunta ya dejó de ser exclusivamente diplomática. Hoy es económica, estratégica, tecnológica y hasta cultural: ¿le conviene realmente al Paraguay mantener su histórica alianza con Taiwán o debería abrir relaciones formales con China continental?
China se convirtió en el principal motor comercial del planeta. Actualmente representa cerca del 18% del comercio mundial y es la segunda economía más grande del mundo. América Latina también giró hacia Beijing: Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay ya tienen a China entre sus principales socios comerciales. Paraguay, en cambio, permanece fuera de ese mercado gigantesco debido a su relación diplomática con Taiwán.
Para muchos sectores productivos paraguayos, especialmente la carne y la soja, esto representa una limitación concreta. Productores y empresarios sostienen que el país pierde competitividad y oportunidades multimillonarias al no poder exportar directamente al mercado chino, el mayor consumidor global de alimentos y materias primas.
Pero la paradoja es evidente.
Incluso sin relaciones diplomáticas formales, Paraguay ya depende fuertemente de China. Según cifras oficiales del comercio exterior paraguayo, las importaciones desde el gigante asiático superaron los USD 6.000 millones en 2025, convirtiendo a China en uno de los principales proveedores del país. Es decir: Paraguay no tiene relaciones diplomáticas con Beijing, pero buena parte de su economía ya consume tecnología, maquinaria, vehículos, electrónica y productos provenientes de China.

Elaborado por la DGPCI del Ministerio de Economía y Finanzas, con datos del Banco Central del Paraguay
Sin embargo, reducir el debate únicamente a números sería simplificar demasiado un escenario mucho más profundo. Taiwán no es un aliado menor para Paraguay. Durante décadas financió cooperación agrícola, programas tecnológicos, infraestructura, asistencia técnica y becas universitarias. Más de 1.500 paraguayos estudiaron en Taiwán mediante programas de cooperación bilateral. Además, Paraguay mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán desde 1957. Son casi 70 años de alianza política y cooperación internacional.
Ese vínculo también tiene un enorme peso simbólico y estratégico. Actualmente, solo 12 países en el mundo reconocen oficialmente a Taiwán. Paraguay es el único de Sudamérica. Eso transforma al país en una pieza clave dentro de la disputa diplomática global entre Beijing y Taipéi.
Y allí aparece otro actor central: Estados Unidos.
Washington observa con atención la relación entre Paraguay y Taiwán porque forma parte de la creciente competencia global entre China y Occidente. Para Estados Unidos, la presencia china en América Latina dejó de ser un tema exclusivamente comercial y pasó a convertirse en una cuestión estratégica y geopolítica. En ese contexto, Paraguay adquirió un valor diplomático mucho mayor al tamaño real de su economía.

La disputa global entre Washington y China ya impacta en la política exterior paraguaya
Beijing exige, como condición básica para establecer relaciones diplomáticas plenas, que Paraguay rompa oficialmente con Taiwán. Es la llamada política de “Una sola China”, aplicada de manera estricta en todo el mundo. Varios países latinoamericanos ya dieron ese paso. Panamá, República Dominicana, Nicaragua y Honduras abandonaron sus relaciones con Taiwán esperando inversiones, financiamiento y acceso preferencial al mercado chino.
Sin embargo, la experiencia regional muestra que no existen garantías automáticas.
Algunos países lograron aumentar comercio e inversiones; otros descubrieron que las promesas iniciales no siempre se traducen rápidamente en beneficios concretos o equilibrados. La relación con China suele abrir oportunidades, pero también genera nuevas dependencias económicas y políticas.
Mientras tanto, Taiwán continúa siendo una potencia tecnológica estratégica para el mundo. Produce más del 60% de los semiconductores avanzados del planeta mediante empresas como TSMC, fundamentales para inteligencia artificial, automóviles, telefonía, industria militar y tecnología global. Eso convierte a Taiwán en mucho más que una pequeña isla asiática: es uno de los centros tecnológicos más importantes del siglo XXI.

La soja paraguaya termina igual en China
Paraguay enfrenta entonces un dilema delicado.
Por un lado, mantener la alianza con Taiwán implica sostener una relación histórica basada en cooperación, afinidad política y respaldo internacional. También significa mantener cercanía con Estados Unidos y con el bloque occidental. Por otro lado, abrirse a China podría representar acceso al mayor mercado del planeta, nuevas inversiones, mayor integración comercial y oportunidades económicas que hoy parecen inalcanzables.
La pregunta de fondo quizás sea otra.
¿Debe Paraguay sostener una política exterior basada en principios, alianzas históricas y posicionamiento geopolítico? ¿O debe adaptarse al pragmatismo económico que domina el nuevo orden mundial? La respuesta todavía no está definida. Pero lo que sí parece claro es que Paraguay dejó de ser un simple espectador internacional. Hoy, el país forma parte de una de las disputas diplomáticas, económicas y tecnológicas más importantes del siglo XXI.