Las protestas volvieron a escalar en Bolivia durante las últimas semanas. Mineros cooperativistas marcharon hacia La Paz utilizando dinamita, sindicatos campesinos bloquearon rutas, transportistas reclamaron por combustible y sectores vinculados a Evo Morales volvieron a movilizarse contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz, electo en 2025 tras el fin del largo ciclo del Movimiento al Socialismo (MAS).
Los principales focos de tensión aparecieron entre La Paz, Cochabamba y parte del altiplano. Hubo enfrentamientos con la Policía, uso de gases lacrimógenos y bloqueos intermitentes en rutas estratégicas. El gobierno boliviano incluso denunció intentos de desestabilización, mientras Paraguay y otros siete países de la región emitieron una declaración conjunta respaldando al gobierno constitucional boliviano y alertando sobre desabastecimiento provocado por los cierres de carreteras.
Policías y manifestantes durante operativos nocturnos en medio de la tensión política y social en Bolivia
Un país donde el territorio también gobierna
Quien recorre Bolivia por tierra entiende rápido que no existe una sola Bolivia. El altiplano andino, Santa Cruz, el Chapare, los Yungas o El Alto funcionan con dinámicas económicas, culturales y políticas diferentes. En un mismo país conviven pueblos aymaras, quechuas, guaraníes y decenas de naciones indígenas más. Según el Censo 2024, cerca del 39% de la población se identifica como indígena originaria campesina.
La Paz concentra el gobierno nacional y gran parte del poder político. Sucre mantiene la capital constitucional y la sede del Tribunal Supremo de Justicia. Pero hay otra ciudad que funciona muchas veces como verdadero termómetro social: El Alto.
Popular, indígena, comerciante y sindicalizada, El Alto conserva una memoria política muy fuerte desde la Guerra del Gas de 2003, cuando las protestas terminaron provocando la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Desde entonces, cualquier movilización importante en esa ciudad es observada con atención por todos los gobiernos bolivianos.
Sectores campesinos bloquean una de las principales avenidas de El Alto durante las protestas recientes
En paralelo aparece Santa Cruz, el gran polo económico y agroindustrial del país. Ahí la lógica es distinta. Santa Cruz representa al empresariado, el comercio exterior y una identidad regional mucho más autonomista. Durante años fue el principal contrapoder del MAS y hoy sigue funcionando como motor económico boliviano, aunque también golpeado por la falta de dólares y combustible.
El MAS después del poder
El Movimiento al Socialismo ya no funciona como aquel bloque compacto que gobernó Bolivia durante casi dos décadas. Evo Morales mantiene fuerza territorial, especialmente entre sectores cocaleros del Chapare, pero el escenario político cambió y distintos grupos buscan ahora adaptarse a una nueva correlación de poder.
Las protestas actuales reflejan también esa transición. Los sectores evistas intentan conservar capacidad de movilización y presión territorial, mientras el gobierno de Rodrigo Paz busca consolidarse en un país donde sindicatos, organizaciones indígenas y movimientos sociales siguen teniendo enorme peso político.
Incluso dentro del movimiento cocalero existen diferencias importantes. El Chapare mantiene una fuerte alineación con Evo Morales. Los Yungas, en cambio, tienen una relación mucho más conflictiva con el MAS y reivindican una tradición cocalera más autónoma.
En paralelo comienzan a aparecer nuevas figuras políticas. Una de las más observadas es Andrónico Rodríguez, joven dirigente cocalero que muchos analistas ven como posible renovación de la izquierda boliviana. Del otro lado aparecen Rodrigo Paz, Jorge “Tuto” Quiroga y sectores liberales o regionalistas que crecieron políticamente tras el desgaste del MAS.
La tensión también aumentó después de la aprobación de medidas económicas y territoriales impulsadas por el nuevo gobierno, entre ellas reformas vinculadas al manejo de tierras y abastecimiento, que terminaron generando rechazo de sectores campesinos e indígenas y obligaron posteriormente al oficialismo a retroceder en parte de esas decisiones.
Choques entre manifestantes y fuerzas policiales en calles de La Paz durante jornadas de protesta y bloqueos
Una crisis que también se siente en la región
La situación boliviana también genera preocupación regional. Parte importante del comercio terrestre y del movimiento de combustibles hacia Santa Cruz depende de rutas que atraviesan zonas actualmente afectadas por protestas y bloqueos.
Hasta este domingo no se reportaron cierres permanentes que afecten completamente la circulación internacional hacia Paraguay, aunque sí existen bloqueos intermitentes y retrasos logísticos en algunos corredores bolivianos.
Evo Morales continúa siendo una de las principales figuras políticas detrás de la movilización evista
Bolivia parece convivir permanentemente con escenarios de tensión política y social. Pero al mismo tiempo mantiene una capacidad particular de reorganizarse desde abajo. Las rutas se bloquean, los sindicatos presionan y las ciudades se tensan. Sin embargo, las ferias continúan abiertas, los mercados siguen funcionando y gran parte de la economía popular mantiene el movimiento cotidiano del país.
Entender lo que pasa hoy en Bolivia exige mirar mucho más que una protesta o una disputa electoral. Exige entender cómo un país profundamente diverso intenta adaptarse a un nuevo escenario político sin abandonar las formas territoriales y sociales con las que históricamente negoció el poder.