Llegué hasta Pombero Róga pedaleando desde Asunción, recorriendo caminos y conociendo distintos rincones de Atyrá en bicicleta. Pero el trayecto también se puede hacer tranquilamente en auto. De hecho, gran parte del recorrido atraviesa calles empedradas, cerros y paisajes que convierten el viaje en parte de la experiencia. Antes de llegar al lugar, vale la pena recorrer el centro de Atyrá, considerada durante años una de las ciudades más limpias del país y reconocida por su entorno natural y tranquilidad. En el camino aparecen sitios como la parroquia San Francisco de Asís, el Paseo del Indio, pequeños espacios gastronómicos y rincones típicos de la ciudad. Más arriba, rumbo al cerro Monte Alto, también se puede pasar por el Castillo Marianela y por el mirador Divino Niño Jesús, desde donde el paisaje empieza a abrirse entre elevaciones y vegetación. Entre curvas y árboles, finalmente aparece un cartel amarillo: Pombero Róga. Allí, en medio del monte y dentro de un sector conocido como Yryvukeha, el lugar mezcla arte, senderismo y cultura popular paraguaya en una experiencia distinta para aprovechar estos días feriados.
Esculturas y piezas recicladas aparecen entre senderos y vegetación en la cima del cerro Monte Alto de Atyrá.
Un espacio construido con el paisaje
Pombero Róga forma parte de la propuesta artística impulsada por el escultor y artista Miguel Ángel Alarcón Pibernat, quien desarrolló el lugar utilizando materiales reciclados y elementos integrados al entorno natural. Piedra, hierro, vidrio, madera y botellas forman parte de esculturas y estructuras distribuidas a lo largo del recorrido, muchas veces mezcladas entre árboles, desniveles y senderos del cerro.
Figuras inspiradas en la mitología guaraní forman parte del recorrido artístico de Pombero Róga.
Más que un museo tradicional, el espacio funciona como un recorrido abierto donde caminar también hace parte de la experiencia. La bicicleta queda apoyada entre esculturas mientras el monte rodea prácticamente todo alrededor. El lugar invita a subir, detenerse, recorrer pequeños senderos y mirar el paisaje desde distintos puntos de la cima del cerro Monte Alto.
La experiencia cambia según el horario. Por momentos el lugar se siente silencioso y tranquilo; en otros, el viento y las vistas panorámicas convierten la cima en uno de esos espacios donde vale la pena quedarse un rato más. El recorrido termina acercando más el paseo al senderismo y al contacto con la naturaleza que a una visita rápida de fin de semana.
El espacio mezcla piedras, ramas y botellas recicladas en estructuras integradas al paisaje natural del cerro.
El espacio tampoco busca parecer artificial ni convertirse en un parque temático. Justamente ahí aparece parte de su identidad. Todo mantiene una estética artesanal y abierta, donde el paisaje sigue teniendo protagonismo. En tiempos donde muchas salidas terminan reducidas a centros comerciales o espacios cerrados, lugares como este ofrecen otra posibilidad: caminar, respirar y descubrir rincones distintos cerca de Asunción.
El Pombero entre esculturas y senderos
El Pombero es una de las figuras más conocidas de la mitología guaraní y suele aparecer ligado al monte, la noche y la naturaleza dentro de las creencias populares paraguayas. Pombero Róga toma esa figura y la transforma en una experiencia visual y cultural que mezcla imaginación, paisaje y arte reciclado.
Una representación del Pombero aparece dentro de una de las construcciones artesanales del recorrido.
El recorrido funciona también como una invitación a reconectar con símbolos y relatos que siguen vivos en muchas comunidades del país, aunque muchas veces quedan reducidos a anécdotas o bromas urbanas. Entre esculturas y vegetación, el lugar recupera parte de ese imaginario popular y lo convierte en una experiencia distinta para quienes llegan hasta la cima del cerro.
Y para quienes quieran seguir recorriendo la zona, el camino continúa hacia Tobatí, atravesando una de las áreas más verdes y tranquilas de Cordillera. Entre cerros, miradores y senderos, Pombero Róga termina siendo mucho más que una parada: aparece como una pequeña puerta hacia otro ritmo, más lento, más natural y conectado con el paisaje paraguayo.
Entre esculturas y senderos también aparecen figuras ligadas al ciclismo y al contacto con la naturaleza.