Una figura con estética de extraterrestre recorrió Asunción con un mensaje directo: “Cultura no es delito”. Primero frente al Palacio de Justicia, durante la presentación del recurso de casación, y luego en un colectivo, entre pasajeros y músicos, la escena irrumpió en lo cotidiano.
Detrás del personaje estaba Malena Bareiro, madre de Sebastián Coronel, gestor cultural y encargado del centro cultural La Chispa, procesado en una causa por polución sonora. No fue solo una puesta en escena: fue una forma de acompañar y visibilizar el proceso judicial que hoy enfrenta.
Un “alien” recorre Asunción en colectivo con “Cultura no es delito”. Detrás está Malena Bareiro, madre de Sebastián Coronel.
El caso La Chispa
La Chispa es un centro cultural de Asunción, fundado por Malena Bareiro y Pachín Centurión, que con los años se volvió punto de encuentro para músicos, artistas y propuestas independientes.
El proceso contra Coronel se originó en una causa por polución sonora, que derivó en una condena de nueve meses de prisión con suspensión de la pena, confirmada en apelación.
La defensa sostiene que la sentencia se basó en normas ya superadas y que no se aplicaron correctamente las regulaciones vigentes. Ese es el eje del recurso de casación presentado ante la Corte Suprema.
La Fiscalía, por su parte, mantiene que la normativa utilizada estaba vigente al momento de los hechos y que se probó la participación del acusado.
El contexto del conflicto
El caso generó reacciones más allá del ámbito judicial, incluyendo pronunciamientos de apoyo y cuestionamientos sobre el impacto de este tipo de procesos en espacios culturales. Incluso la Secretaría Nacional de Cultura expresó su rechazo a posibles formas de criminalización hacia gestores y espacios culturales.
Artistas y colaboradores de La Chispa frente al Palacio de Justicia, con “Cultura no es delito”, en apoyo a Sebastián Coronel.
Desde La Chispa plantean que el proceso no solo implica una sanción puntual, sino un desgaste económico, personal y colectivo. En sus propias campañas, el espacio señala que sostener la defensa implica cubrir costos legales y operativos, con llamados a aportes desde G. 20.000, apelando al apoyo de su comunidad.
En ese marco, el caso se instala también como una discusión sobre cómo se aplican las normas en contextos culturales y qué margen tienen estos espacios para desarrollarse.
Cultura en la calle
El mensaje fue directo: “Cultura no es delito”. Desde La Chispa convocan a una nueva intervención para el martes 28 de abril, y las acciones continúan como forma de sostener el reclamo en el espacio público. El proceso sigue en la Corte, pero la discusión ya se trasladó a la calle. Y esa figura, extraña y silenciosa, probablemente vuelva a aparecer, porque el caso todavía sigue.