20 de abril: el día que cayó la hegemonía colorada

Hace 18 años, Paraguay vivió una jornada marcada por participación, expectativa y cambio. Fue el fin de la hegemonía del Partido Colorado: así fueron el antes, el día y lo que vino después de aquel 20 de abril de 2008.

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Política 20/4/26

Por Alfredo Guachiré

Aquel domingo 20 de abril de 2008 se sentía distinto. En la calle, en las conversaciones familiares, en iglesias y en las filas de votación en los locales electorales, se repetía una misma idea: esta vez se podía ganar al Partido Colorado. La candidatura de Fernando Lugo había canalizado una expectativa de cambio que iba más allá de lo político. Sin exageraciones, se percibía un clima diferente, una sensación extendida de que el resultado podía ser otro.

Ese día, la ciudadanía quiso ser parte activa de ese cambio. Muchos no se limitaron a votar: se quedaron, observaron, tomaron nota, acompañaron el conteo. Sin redes sociales dominando la conversación, la información circulaba por radio, televisión y llamadas. En escuelas, barrios y rutas, la gente se fue apropiando de la jornada. No solo buscaban un resultado distinto, también querían asegurarse de que ese resultado se respetara. Y aunque la victoria presidencial fue clara, ese mismo impulso ciudadano no se trasladó con igual fuerza a las listas legislativas, donde el equilibrio de poder se mantuvo.

Fernando Lugo recorre con simpatizantes en un carrito tirado por caballo durante la campaña.

Antes del 20 de abril

La elección fue el punto de llegada de una campaña intensa. Por el lado del Partido Colorado, Blanca Ovelar llegaba como candidata tras una interna que dejó heridas abiertas con Luis Castiglioni, en un escenario donde el liderazgo de Nicanor Duarte Frutos seguía teniendo peso.

En la oposición, Fernando Lugo encabezaba una coalición amplia, con el Partido Liberal Radical Auténtico como principal soporte, además de organizaciones sociales, sectores obreros, campesinos y partidos de izquierda. También competían figuras como Lino César Oviedo y otros espacios como Patria Querida.

Recorridas de campaña con presencia territorial y contacto directo con votantes.

Más allá de los nombres, empezó a notarse un cambio en el comportamiento ciudadano. La política dejó de ser solo una disputa entre estructuras y pasó a formar parte de conversaciones cotidianas. La expectativa no se concentraba solo en los candidatos, sino en la posibilidad de un resultado distinto.

El día que todo se movió

La jornada electoral transcurrió con normalidad, pero con una tensión que se acumulaba con el paso de las horas. No todos esperaron a que el resultado llegue: muchos actuaron convencidos de que el cambio era posible y para eso se movilizaron. Muchas personas salieron a buscar a familiares, vecinos o conocidos para llevarlos a votar. En barrios y comunidades se organizaron de forma espontánea, con un compromiso que iba más allá de la preferencia electoral.

Actos masivos que evidenciaban alta movilización en campaña.

Ese impulso también tenía un contexto. En esos años, el descontento con el partido de gobierno era fuerte. Muchas familias tenían parientes que habían migrado a países como España o Argentina en busca de trabajo. Era un momento social sensible, y ese clima se reflejaba en las urnas. Votar no era solo elegir, también era una forma de expresar ese momento.

Con el cierre de mesas, comenzaron a circular las primeras bocas de urna y datos parciales. La incertidumbre se mantuvo durante varias horas, pero la tendencia empezó a consolidarse. El resultado final confirmó la victoria de Lugo con cerca del 41% de los votos, frente a poco más del 30% de Ovelar. A partir de ahí, en distintos puntos del país, especialmente en el microcentro de Asunción, comenzaron los festejos. Bocinas, banderas, gente en las calles. Para muchos, era la confirmación de que algo que parecía fijo podía cambiar.

Participación ciudadana con presencia de jóvenes en un evento de campaña

Lo que vino después

El inicio del gobierno de Lugo combinó expectativas altas con una estructura política frágil. En términos económicos, Paraguay registró un crecimiento importante en ese periodo, destacándose el año 2010 con un aumento del PIB cercano al 13%, uno de los más altos de la región.

En lo social, también hubo mejoras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, la pobreza se redujo de alrededor del 37% en 2008 a cerca del 28% en 2011, lo que implicó que cientos de miles de personas salieran de esa condición. Programas sociales y un contexto económico favorable acompañaron ese proceso, aunque con diferencias entre sectores.

Al mismo tiempo, el gobierno convivió con límites claros. Un Congreso adverso, tensiones internas y una base política heterogénea marcaron su desarrollo. Cuatro años después, en 2012, ese proceso tuvo un cierre abrupto con el juicio político que terminó destituyendo a Lugo.

La ciudad también hablaba: carteles, mensajes y disputa visual por el voto.

Después de la ruptura

El 20 de abril de 2008 quedó como una experiencia difícil de repetir. En los años siguientes, la oposición no volvió a construir una coalición con el mismo nivel de amplitud y eficacia. El sistema político se reacomodó y la hegemonía colorada encontró nuevas formas de sostenerse.

A 18 años de aquella jornada, el recuerdo sigue activo. No solo por el resultado, sino por lo que se vivió ese día. El tiempo detenido en una escuela, la espera frente a una mesa, la confirmación de un dato, la gente quedándose hasta el final. La elección logró romper una hegemonía que parecía inamovible, pero no alcanzó para sostener un nuevo equilibrio político. Ese contraste sigue marcando ese 20 de abril.

Fernando Lugo en un acto de campaña con alta concurrencia en la ciudad de Luque.