La FIFA y las explicaciones selectivas: quién decide qué polémicas merecen respuesta

La expulsión de Miguel Almirón y la sanción a Jorge “Chipi” Vera no aparecen en el vacío. El Mundial ya venía acumulando discusiones arbitrales, decisiones del VAR y reclamos sin una explicación pública equivalente de la FIFA.

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Fuera de juego 23/6/26

Por Prabhat Pacuá

La FIFA explicó la expulsión de Miguel Almirón. Lo hizo de manera pública, con una pieza institucional, para justificar la aplicación de una nueva regla: la sanción al jugador que se cubra la boca en una situación de confrontación con un rival. El mensaje fue claro. La norma estaba vigente, el VAR podía intervenir y Paraguay terminó siendo uno de los primeros casos de alto impacto bajo ese criterio.

El problema no fue solamente la roja. Fue el contraste. Porque en el mismo Mundial ya se habían acumulado jugadas discutidas, decisiones arbitrales cuestionadas y criterios del VAR que generaron debate internacional. Sin embargo, esas situaciones no recibieron una explicación pública equivalente desde la FIFA. Ahí aparece la pregunta de fondo: ¿quién decide qué polémicas merecen respuesta y cuáles quedan libradas al debate mediático?

Las jugadas pendientes

El caso más visible fue el de Lionel Messi ante Argelia. Durante el partido, el capitán argentino protagonizó una acción sobre Aïssa Mandi que generó debate arbitral por una eventual expulsión. El árbitro sancionó la falta, el VAR revisó la jugada y el encuentro continuó sin tarjeta roja. La discusión se instaló durante días, pero no hubo una explicación institucional comparable a la que sí apareció después de la expulsión de Almirón.

A ello se sumó el encuentro entre Argentina y Austria. El gol histórico convertido por Messi también quedó envuelto en polémica por una posible infracción previa en la construcción de la jugada. La anotación fue validada y el partido siguió adelante, pero el debate volvió a trasladarse fuera del campo de juego. Otra vez, sin una explicación pública específica por parte de la FIFA.

Jugada polémica de Messi en el encuentro frente a Argelia

Otro episodio ocurrió en Francia-Senegal. Una acción dentro del área protagonizada por Kylian Mbappé generó una revisión del VAR y abrió una discusión sobre los criterios utilizados para sancionar penales. La decisión final se mantuvo, pero el episodio volvió a alimentar cuestionamientos sobre la uniformidad de los criterios arbitrales aplicados durante el torneo.

Las dudas tampoco estuvieron ausentes en el partido inaugural entre México y Sudáfrica, donde se produjeron tres expulsiones. Algunas de ellas fueron objeto de debate por la interpretación arbitral utilizada para justificar las tarjetas rojas. Como ocurrió en otros encuentros, la controversia quedó instalada entre especialistas, jugadores e hinchas, sin una explicación institucional posterior.

Cada uno de estos casos puede tener argumentos reglamentarios que respalden la decisión adoptada en la cancha. El punto no es determinar quién tuvo razón. El punto es que todos generaron discusión pública. Sin embargo, ninguno recibió una explicación tan visible como la que acompañó la expulsión de Almirón.

Almirón como punto de quiebre

Con Almirón ocurrió algo distinto. La FIFA no dejó la jugada únicamente en manos del árbitro, del VAR o de los análisis posteriores. La explicó. La convirtió en ejemplo. La utilizó para respaldar públicamente la aplicación de una nueva norma.

Esa decisión puede tener fundamento reglamentario. La conducta fue revisada, la norma existía y el árbitro aplicó el criterio previsto. Pero al mismo tiempo abrió una discusión que probablemente la organización no esperaba.

Porque cuando una institución decide explicar un caso y no otros, el problema deja de ser únicamente reglamentario. Pasa a ser comunicacional e institucional.

Paraguay no reclama solamente una tarjeta roja. Lo que comenzó a discutirse es la consistencia de los criterios utilizados para intervenir públicamente en determinadas controversias mientras otras quedan sin una respuesta equivalente.

Miguel Almirón se retira expulsado frente al encuentro contra Turquía

El caso Chipi

La sanción al periodista Jorge “Chipi” Vera terminó ampliando todavía más el debate. La FIFA decidió retirarle la acreditación tras sus expresiones contra la organización luego del partido de Paraguay.

La medida provocó reacciones y volvió a colocar a la FIFA en el centro de la discusión pública. No porque se debatiera una jugada específica, sino porque la organización volvió a actuar de manera directa sobre una controversia que ya había trascendido lo deportivo.

El punto no es convertir al periodista en víctima ni justificar sus declaraciones. El punto es observar el patrón. Cuando la FIFA considera que debe intervenir, lo hace con claridad y firmeza. Lo hizo con Almirón. Lo hizo con Chipi. Mientras tanto, otras controversias del torneo siguieron sin una explicación pública equivalente.

Ahí se encuentra el verdadero eje de la discusión. No en una teoría conspirativa ni en una defensa automática de Paraguay. Sino en la administración selectiva de la palabra oficial.

El periodista deportivo Chipi Vera durante su descargo luego recibir la sanción de la FIFA

El gigante que administra el fútbol

La FIFA no es solamente la entidad que organiza la Copa del Mundo. Según sus propios documentos financieros, el presupuesto revisado para el ciclo 2023-2026 alcanza los USD 12.900 millones. La organización proyecta reinvertir más de USD 11.600 millones en el desarrollo del fútbol a nivel global.

En el ciclo anterior, entre 2019 y 2022, registró ingresos por USD 7.568 millones. Dentro de ese período, el Mundial de Qatar representó un negocio valuado en USD 6.314 millones, de acuerdo con la propia Memoria Anual de la organización. Los derechos de televisión, el marketing, las licencias comerciales y las competiciones internacionales convierten a la FIFA en una de las organizaciones deportivas más poderosas del planeta.

Por eso la discusión actual va mucho más allá de una expulsión, una acreditación retirada o una jugada polémica. Cuando una institución que administra miles de millones de dólares y regula el deporte más popular del mundo decide explicar unas controversias y no otras, también está tomando una decisión sobre cómo se construye el relato oficial del torneo.

La FIFA tiene derecho a sancionar. Tiene derecho a defender sus reglamentos. Tiene derecho a respaldar a sus árbitros. Pero cuanto mayor es el poder de una organización, mayor es también la expectativa de transparencia sobre sus decisiones.

La expulsión de Almirón fue una jugada. La sanción a Chipi fue una decisión disciplinaria. Pero la pregunta que queda abierta es mucho más amplia: ¿por qué algunas polémicas merecen una explicación oficial y otras no?

Ese es, quizás, el partido más incómodo que la FIFA enfrenta fuera de la cancha.