Hace 16 años Paraguay jugó su último Mundial. Y el país que viajaba a Sudáfrica 2010 era completamente distinto al de hoy. Fernando Lugo llevaba menos de dos años como presidente, el Partido Colorado estaba fuera del poder por primera vez en más de seis décadas y el país atravesaba uno de los momentos políticos más intensos desde la transición democrática.
Federico Franco era vicepresidente, Rafael Filizzola ocupaba el Ministerio del Interior, Dionisio Borda manejaba la economía desde Hacienda y Lilian Samaniego intentaba reconstruir a la ANR desde la oposición. Mientras tanto, Horacio Cartes recién se había afiliado al Partido Colorado un año antes y todavía estaba lejos de imaginar que terminaría siendo presidente de la República apenas tres años después.
Y hay otro dato político que hoy parece casi imposible: el actual presidente Santiago Peña seguía afiliado al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). En aquella época ya formaba parte del equipo económico del gobierno y había pasado por el Banco Central del Paraguay, donde empezaba a construir el perfil técnico que años después lo convertiría en una de las figuras más importantes del cartismo.
Horacio Cartes saluda a Santiago Peña en los años en que ambos empezaban a consolidarse dentro del Partido Colorado.
Además, el general Lino Oviedo seguía vivo y mantenía un peso político enorme. UNACE todavía conservaba una estructura electoral fuerte y Oviedo continuaba siendo uno de los dirigentes con mayor capacidad de movilización del país. Tres años después moriría en un accidente de helicóptero en plena campaña presidencial.
Mientras la política discutía alianzas, gobernabilidad y tensiones permanentes, la selección paraguaya empezaba a construir la mejor campaña mundialista de la historia nacional.
El general Lino Oviedo durante un acto político de UNACE, cuando seguía siendo una de las figuras con mayor peso electoral del país.
El Mundial de la ausencia más pesada
Pero aquel equipo llegó a Sudáfrica con una herida enorme. Apenas cinco meses antes del inicio del Mundial, Salvador Cabañas recibió un disparo en la cabeza en un bar de Ciudad de México. El delantero paraguayo era probablemente el futbolista más importante de América en ese momento y la gran figura ofensiva de la Albirroja.
La ausencia de Cabañas cambió completamente la estructura del equipo. Paraguay llegó al Mundial sin su máxima estrella y aun así terminó alcanzando los cuartos de final. Y quizás por eso la campaña terminó teniendo todavía más peso emocional.
Salvador Cabañas celebra con la Albirroja, cuando era una de las mayores figuras del fútbol sudamericano.
Durante semanas, la recuperación de Cabañas ocupó tanto espacio mediático como la propia preparación mundialista. En un país dividido políticamente, su figura terminó funcionando casi como símbolo nacional de resistencia.
El país que crecía mientras soñaba
Sudáfrica 2010 también coincidió con un momento económico particular. Paraguay empezaba a recuperarse del impacto de la crisis financiera internacional de 2008 y volvía a crecer impulsado por soja, construcción y exportaciones. Algunos organismos internacionales llegaron a proyectar para 2010 una de las tasas de crecimiento más altas de Sudamérica.
Ese paralelismo resultaba llamativo: mientras la selección competía de igual a igual contra potencias futbolísticas, Paraguay también comenzaba a mostrar señales de recuperación económica y optimismo social.
Incluso hubo escenas muy paraguayas. Tras la clasificación al Mundial, Lugo decretó asueto parcial para funcionarios públicos y la medida generó confusión en oficinas, hospitales e instituciones educativas. Durante los partidos, la actividad comercial prácticamente se detenía en varias ciudades del país.
Fernando Lugo coloca una medalla a Nelson Haedo Valdez, jugador clave en Sudáfrica 2010.
Y hubo otra curiosidad política muy recordada de aquel Mundial: la tensión entre Lugo y Federico Franco por el viaje a Sudáfrica. Constitucionalmente ambos no podían abandonar el país al mismo tiempo, y finalmente fue Franco quien viajó a ver a la selección mientras Lugo permaneció en Paraguay siguiendo los partidos por televisión. El episodio fue tratado en medios de la época casi como una pequeña pulseada de poder dentro del propio oficialismo.
El Mundial de las vuvuzelas y el orden táctico
Sudáfrica 2010 terminó siendo uno de los Mundiales más extraños de la era moderna. Fue el torneo de las vuvuzelas, del criticado balón Jabulani y de partidos extremadamente cerrados. Se marcaron apenas 145 goles en 64 encuentros, uno de los promedios más bajos desde que existen 32 selecciones.
Lilian Samaniego en una imagen institucional de la época en que el Partido Colorado intentaba reorganizarse desde la oposición.
Y Paraguay encajó perfecto en ese escenario. La selección dirigida por Gerardo “Tata” Martino terminó invicta en fase de grupos: empató con Italia, venció a Eslovaquia y empató con Nueva Zelanda, clasificando primera por encima de la Italia campeona del mundo.
Aquel equipo no tenía el peso económico ni mediático de Brasil o Argentina. Muchos jugadores venían de clubes modestos o ligas menos poderosas. Pero Paraguay consiguió competir desde orden táctico, disciplina y carácter.
Algo que muchos comparaban incluso con el propio momento político paraguayo: un gobierno nuevo intentando sostenerse entre estructuras históricas muchísimo más fuertes.
Larissa Riquelme encabeza los festejos en Asunción durante la histórica campaña de Paraguay en el Mundial de Sudáfrica 2010.
El penal que paralizó al país
El partido contra Japón terminó cambiando la historia del fútbol paraguayo. Después de 120 minutos sin goles, Paraguay ganó 5-3 en penales y llegó por primera vez a cuartos de final de un Mundial.
La escena de Óscar Cardozo caminando lentamente hacia el último penal todavía sigue grabada en la memoria colectiva paraguaya. Aquel día las calles quedaron vacías, aparecieron pantallas gigantes en plazas y miles de personas salieron a festejar como si Paraguay hubiese ganado el campeonato.
Óscar “Tacuara” Cardozo es abrazado por sus compañeros tras errar el penal ante España en el partido más dramático de Paraguay en Sudáfrica 2010.
El partido que terminó convirtiéndose en mito fue el de España
Paraguay estuvo muy cerca de eliminar al futuro campeón del mundo. El encuentro tuvo un gol anulado a Nelson Valdez, un penal errado por Cardozo, otro penal atajado por Justo Villar y finalmente el gol de David Villa que clasificó a España.
Dieciséis años después, aquella sensación sigue viva porque Paraguay realmente sintió que podía competir de igual a igual contra cualquiera. Y quizás por eso Sudáfrica 2010 sigue tan presente en la memoria paraguaya. No solamente porque fue el último Mundial de la selección. Sino porque probablemente fue la última vez donde Paraguay sintió simultáneamente ilusión política, crecimiento económico y competitividad internacional.