Nicanor y el arte de provocar

Alliana es el candidato del cartismo, pero no lidera; el quincho dejó de ordenar, el cartismo entra en vacío. En ese escenario, Nicanor aparece y expone la falta de liderazgo.

Por Alfredo Guachiré

Nicanor Duarte Frutos no apareció esta semana por casualidad. Aparece después de visitar a Horacio Cartes, hoy convaleciente, en un momento donde ese poder que durante años se decía que se manejaba desde el quincho hoy está en pausa. Ese centro que ordenaba, alineaba y resolvía hoy no está operando con la misma claridad. Y cuando el centro se apaga, el resto se mueve.

Nicanor lo sabe. Fue presidente de la República, presidente del Partido Colorado, ocupó cargos clave y conoce cómo funciona el poder. Pero más importante aún, sabe cuándo hablar. Y esta vez eligió un momento donde no hay una conducción clara.

Cuando cuestiona al presidente Santiago Peña y advierte sobre los riesgos de su estilo, no está revelando nada nuevo, está instalando un clima. Y ese clima encuentra terreno fértil. El peñismo nunca se consolidó. El grupo más cercano a Peña nunca se animó a disputar poder ni a construir una identidad propia. Se mantuvo en una lógica técnica, cerrada, sin proyección política. Y ese modelo empieza a mostrar límites. Peña no logra consolidar control político pleno.

Ahí aparece el vacío.

Horacio Cartes sigue siendo el líder, pero no está operando como antes. Durante años se instaló la idea de que el poder se ordenaba desde el quincho. Hoy ese esquema no está funcionando con la misma claridad. Pedro Alliana, que fue señalado como figura de proyección, tampoco venía ocupando ese lugar de conducción. Y ahí aparece un dato clave de los últimos días: en medio de ese vacío, y después del ruido que generó la intervención de Nicanor, Alliana se vio obligado a salir, reunirse con Cartes, reafirmar su alineamiento y aceptar públicamente su candidatura presidencial. No es un movimiento aislado, es una reacción. Porque ser señalado no es lo mismo que liderar, y cuando ese liderazgo no se ejerce, ese espacio se abre.

Y cuando se abre, alguien entra.

Nicanor entra ahí. No para liderar formalmente, sino para tensionar. Su frase no fue aislada, fue una intervención. Algunos actores salieron a responder. Alliana tuvo que posicionarse, marcar presencia, intentar cerrar filas. También lo hicieron otros referentes del oficialismo. Incluso dirigentes como Gustavo Leite intentaron instalar una posición, aunque sin generar el mismo nivel de impacto.

Incluso hacia adentro del cartismo, la reacción es clara. En mandos medios hay una lectura doble. Por un lado, reconocen que la crítica de Nicanor toca puntos reales; por otro, la ven como una jugada oportunista. No confían en Nicanor, pero tampoco pueden ignorarlo.

Lo que hoy está en juego no es una frase ni un cruce puntual. Es un problema más profundo: la falta de conducción clara en un espacio que durante años tuvo un liderazgo fuerte. Ese esquema de orden hoy no aparece.

Y ese vacío empieza a ser disputado.

Alliana es el candidato, pero no ocupa el lugar. Peña tampoco logra consolidarlo. Y cuando eso pasa, otros hablan.

Nicanor aparece ahí. Sabe leer el momento. Sabe cuándo hay silencio.

Y cuando hay silencio, alguien habla, en política, cuando alguien no ocupa el espacio que le corresponde, otro lo va a hacer.