Construir entre árboles: Paraguay posiciona su arquitectura a nivel global

Proyecto en San Bernardino muestra cómo Paraguay empieza a posicionar su arquitectura en el circuito global con una lógica propia: construir sin desmontar el territorio.

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Ecosistema 11/4/26

Por Prabhat Pacua

En un terreno cubierto de árboles en San Bernardino, una casa se construye sin despejar el lote. No hay máquinas arrasando la vegetación ni un plano que impone orden sobre lo existente. El proyecto Un bosque en la casa parte de una decisión inversa: aceptar las condiciones del lugar como punto de partida y construir a partir de ellas. Los árboles no son un elemento decorativo ni un límite a resolver. Son la estructura invisible que organiza toda la obra.

Esa decisión inicial define todo lo que viene después. La implantación, los recorridos, las visuales y hasta la forma en que la casa se abre al entorno responden a una lógica de adaptación. En lugar de transformar el territorio para que encaje con la arquitectura, la arquitectura se ajusta al territorio. En ese desplazamiento, lo que aparece no es solo una vivienda, sino una forma de construir que empieza a tener lectura fuera de Paraguay.

Un estudio que construye desde el contexto

El proyecto fue desarrollado por el estudio paraguayo Equipo de Arquitectura, fundado en 2017 por Viviana Pozzoli y Horacio Cherniavsky. Desde sus primeros trabajos, la oficina construyó una línea clara: trabajar con la materia, el espacio y la luz como elementos centrales, evitando soluciones estandarizadas y respondiendo a cada encargo desde sus condiciones específicas.

Esa consistencia empezó a tener reconocimiento fuera del país. El estudio fue seleccionado para la Bienal de Arquitectura Latinoamericana en Pamplona y llegó a instancias finales de premios como el Emerging Architecture Awards de la Architectural Review. Obras anteriores como La Caja de Tierra y Casa Intermedia fueron destacadas en el Mies Crown Hall Americas Prize, uno de los reconocimientos más relevantes del continente.

No se trata de una aparición aislada. Es una trayectoria que viene construyendo visibilidad de manera sostenida, con publicaciones, conferencias y circulación en espacios académicos y profesionales de ciudades como Princeton, Barcelona, Bruselas o Buenos Aires.

Construir sin desmontar

En Un bosque en la casa, esa lógica se lleva a un punto de precisión poco habitual. El principal desafío fue implantar la estructura sin dañar el sistema radicular de los árboles existentes. Para lograrlo, el proceso de replanteo se trabajó con un nivel de detalle más cercano a una intervención quirúrgica que a una obra convencional.

Cada árbol fue considerado en su condición particular: altura, crecimiento, posición. La casa no rodea los árboles: se inserta entre ellos. El resultado es una estructura que convive con la vegetación sin alterarla, generando espacios intermedios donde interior y exterior se mezclan.

Dos terrazas definen la organización general del proyecto, operando como planos horizontales en diálogo con el paisaje. No hay cortes abruptos ni límites rígidos. La casa funciona como una transición constante, donde el entorno deja de ser fondo para convertirse en parte activa de la experiencia de habitar.

Material, clima y producción local

La elección de materiales refuerza esa lógica. El proyecto utiliza bloques de tierra comprimida (CEB), un sistema constructivo que mejora la inercia térmica y regula de manera más eficiente la humedad en comparación con el ladrillo cocido tradicional.

Pero el punto no es solo técnico. Los bloques son de producción nacional y su ejecución involucró mano de obra local. Esto conecta la obra con una cadena productiva concreta, donde material, territorio y trabajo forman parte del mismo sistema.

La arquitectura deja de ser un objeto aislado para integrarse en una lógica más amplia: construir con lo disponible, optimizar recursos y responder al clima. En lugar de importar soluciones, el proyecto trabaja con condiciones reales.

De San Bernardino al circuito global

La publicación del proyecto en plataformas internacionales como ArchDaily no es un hecho aislado. Responde a un interés creciente por prácticas que trabajan desde el contexto, especialmente en regiones donde las limitaciones materiales y climáticas obligan a desarrollar respuestas más precisas.

En ese escenario, la arquitectura paraguaya empieza a ganar lugar en el circuito global no por volumen de producción, sino por la claridad de sus decisiones. La relación con el clima, el uso de materiales locales y la integración con el entorno natural se convierten en factores diferenciales frente a modelos estandarizados.

Paraguay no compite por escala. Aparece por criterio.

Una forma de construir que se proyecta

El caso de Un bosque en la casa no funciona como excepción. Forma parte de un proceso más amplio en el que distintas oficinas locales empiezan a consolidar una forma de operar reconocible a nivel internacional.

No se trata de una estética ni de una tendencia. Es una lógica. Construir entre árboles, trabajar con tierra, ajustar la arquitectura al territorio: decisiones que, lejos de ser limitaciones, se convierten en ventajas en un contexto global que empieza a valorar lo específico por sobre lo replicable.

En ese desplazamiento, Paraguay no solo exporta obras. Empieza a instalar una forma de construir en el circuito internacional, basada en clima, territorio y recursos propios. Y ahí es donde la arquitectura deja de ser solo diseño para convertirse en posicionamiento.