Cerro Porteño cerró el año con un impulso deportivo que que cambió el ambiente en La Nueva Olla. El título del Clausura, la Supercopa y una regularidad que no se veía desde hacía varios torneos devolvieron confianza en un equipo que venía de meses irregulares. En paralelo, el club ingresa en una elección clave, la primera tras el ciclo Zapag, marcada por una deuda significativa y por la presencia de movimientos que buscan redefinir el modelo de gestión. En ese escenario, el movimiento liderado por Blas Reguera comienza a ganar protagonismo gracias a la adhesión reciente de empresarios de peso, un factor que puede influir en un proceso donde lo deportivo entusiasma, pero lo institucional exige certezas.
Mientras Cerro Primero consolida respaldos del sector privado, el movimiento encabezado por Carlos Rejala también busca sumar apoyos con un perfil más político y mediático. La presencia de Chiche Corte, figura conocida en el ámbito periodístico, amplía su alcance público y fortalece su presencia comunicacional. Sin embargo, su estructura responde a una lógica distinta y todavía se encuentra en proceso de articulación en un escenario electoral que se vuelve más dinámico a medida que se acercan las elecciones.
Aty Figueredo, Luis Lavigne y José Jacquet, nuevos miembros que apoyan el proyecto de Reguera.
El bloque económico se inclina
El avance de Cerro Primero, liderado por Reguera, se va fortaleciendo con la incorporación de nuevas figuras empresariales. Entre ellas se destacan Luis Lavigne, propietario y director de Concasa, empresa líder en materiales de construcción, con trayectoria reconocida en el sector y presencia de años en el club, y José Luis Jacquet, empresario del rubro de medicamentos y equipamiento del hogar, además de piloto de rally con actividad comercial destacada. También figura Aty Figueredo, gerente de proyectos en el rubro tecnológico y socio activo del club. Todos ellos aportan peso económico y experiencia privada en un momento en que la institución enfrenta obligaciones financieras relevantes, incluidas deudas superiores a los USD 53 millones.
Estos apoyos se integran a acompañamientos previos como los de Lucho Ortega, director ejecutivo de Shell Paraguay, presidente de FICSA y del Grupo MAO, uno de los nombres más influyentes del sector combustibles. Junto a él figura Tote Riquelme, empresario con trayectoria en emprendimientos familiares y presencia en el rubro comercial, y Dani Da Rosa, comunicador vinculado al ámbito privado, quien aporta visibilidad y articulación interna a la estructura del movimiento.
Tote Riquelme, Blas Reguera y Lucho Ortega
Otros movimientos también se activan
Además del sector que acompaña a Reguera y del frente encabezado por Rejala, otros movimientos también trabajan en la interna. Rubén Recalde, al frente de Mundo Cerro, mantiene reuniones con dirigentes y busca posicionarse a partir de una propuesta centrada en orden administrativo y presencia territorial. Por su parte, Luis Rojas, referente de Cerro Primero Independiente, continúa articulando encuentros con socios y proponiendo un modelo de gestión más tradicional, enfocado en recuperar prácticas dirigenciales previas al ciclo Zapag.
En paralelo, Rejala sostiene conversaciones con distintos actores. La reunión difundida con Nelson Haedo Valdez generó expectativas, aunque el propio exjugador aclaró posteriormente que escuchará a todos los movimientos antes de expresar cualquier postura. El gesto mantuvo abierta su posición y reflejó que la disputa por sumar referentes históricos está lejos de cerrarse.
Haedo Valdez habló con el equipo de Rejala y aclaró que también escuchará a otros movimientos.
Un cierre campeón y un desafío institucional
El buen momento deportivo de Cerro funciona como telón de fondo para un proceso electoral complejo. Con un plantel en alza y una afición reconectada con el equipo, la dirigencia que asuma deberá sostener resultados sin profundizar la deuda ni comprometer la estabilidad institucional. La elección no se define solo en términos de simpatía o discurso, sino en la capacidad real de administrar un club que atraviesa un momento deportivo positivo pero también un desafío financiero considerable.
Los números del club
Según los documentos presentados en la última asamblea, Cerro Porteño mantiene una deuda total que supera los USD 53 millones, de los cuales aproximadamente USD 11,7 millones corresponden a obligaciones directas con la dirigencia saliente. A esto se suman compromisos con entidades financieras, proveedores y cargas operativas propias de una institución que sostiene infraestructura moderna y planteles competitivos. El panorama financiero influye en la interna, ya que obliga a cualquier proyecto a demostrar capacidad de orden, negociación y proyección sostenible a mediano plazo.
La interna se mantiene abierta, pero el peso de cada estructura comienza a marcar diferencias visibles. Con la competencia en curso, los socios se encuentran ante una decisión donde conviven fútbol, economía y conducción institucional en partes iguales.